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CELEBRANDO
A NUESTRA GENTE
ANGELINA
(DARINKA) FAGNANO

Falleció en Rosario el 24-5-2003 -
No puedo, se amontonan años de amistad en la
garganta. Tardaremos muchos años en decirle adiós.
Cada vez que pasemos por su casa de Mar del Plata, la ventana abierta
dirá que allí está. El dolor nos distraer para
golpear de nuevo con su perdida. Vivirá en cada renglón
de su escritura, de sus anécdotas que con tanta gracia contaba.
Llegó el final de un sendero de vida. En el natural andar
de mecenas, cobijó desinteresadamente a músicos, pintores,
poetas, narradores y a un diverso núcleo de artistas tanto
en la ciudad de Rosario, como de Mar del Plata, en España
o en su natal Italia. Todos recibieron inestimable comprensión
y apoyo para sus organizaciones culturales últimamente atomizadas
en la Fundación Baeza, Fundación Darinka y la Fundación
de la UNE (Unión Nacional e Internacional de Escritores).
A los Crotos Libres cedió su casa para charlas, conferencias,
cursos, encuentros, donde funcionó la Universidad
Crota.
Admiradora de la expresión individual del talento, descubrió
en la obra de Jorge Luis Borges, el (Alef) que la llevó a
analizar con el propio autor su verdadero contenido.
Se hacia querer por todos los que la conocían y estaba llena
de vida y de amigos. Se la valorizó por su espíritu
sensible y solidario que la hizo descubrir constantemente valores
y vocaciones.
El infortunio del ocaso, acelerado por una cruel enfermedad, no
será suficiente para opacar el tesón y virtudes de
"Darinka" quien permanecerá en áurea memoriosa
de quienes tuvieron el privilegio de convivir y apreciar sus condiciones
dignas y humanas que dejó plasmadas en la profusa labor y
trayectoria literaria para continuar presente en los ámbitos
que la conocieron entusiasta defensora de inquietudes intelectuales
y sociales. Desde el otro lado ahora tiene por fin, todo el tiempo
sin tiempo, para continuar su obra solidaria.
Ana Maria Ordóñez
Mar del Plata
OSVALDO
BAIGORRIA

Publicado en RADAR suplemento de Pagina/12 el 11 de
Abril 2005
Correrías
de un infiel de Osvaldo Baigorria
por Gabriel D. Lerman
"Puedo olfatear a un indio a una milla de distancia. ¡Ja,
ja! -reía mientras me agarraba los testículos como
si estuviera pesándolos-. Todo esto es indígena, no
me cabe duda. Huevos de patagón, quizá de ona."
Estas palabras se las dice a este Baigorria -Osvaldo- una india
de la tribu nootka, en las Montañas Rocosas, alguna noche
de los '70. Se llama Dos Caminos, usa vincha, pelo negro partido
al medio, un aro en el ombligo, la cruz pacifista en una nalga y
una voz cascada que enronquece al soltar carcajadas. Dos Caminos,
que se jacta de ser fiel a tres maridos, a nueve concubinos y a
veinticuatro amantes, pasa con Baigorria y su amigo, un anarquista
canadiense anglófono, un fin de semana. "Quiero suponer
que el nombre no tenía nada que ver con su utilización
del cuerpo en la ménage à trois. Porque estuvimos
de fiesta día y noche." Es tan luego cuando le dice
que en esos testículos hay algo indio. Revelación
que al hombre lo perseguirá por años, otros exilios,
idas y vueltas mediante, hasta llegar a esta búsqueda que
ahora, en el presente de la novela, hace tránsito a lo más
profundo de la cultura criolla, pampa y húmeda, o a los bordes
donde todo vuelve a tocarse: indios, frontera, cautivas, el abismo
y la fricción, la calentura en y por los otros. Aquéllos
eran los tiempos de la contracultura, de California a Vancouver,
de Finisterre a Kyoto; de Kerouac a Calcuta o Buda. Estos son los
tiempos del sida, de la monogamia por razones ecológicas
y/o por Beatriz, nombre caro a la poesía, médica ella,
aspirante al amor romántico de este Baigorria.
Baigorria busca aquí y ahora, pero en el pasado. Porque Baigorria
transporta un enigma: el enigma del huinca unitario, el coronel
Manuel Baigorria, que escapa de la mazorca rosista y se hunde en
las tolderías, y se pierde en campo abierto, apeado a orillas
de un lago, muchas mujeres en noches orgiásticas, quizás
algún varón, hasta que llegan los tiempos de Caseros
y cae, se lo tragan los pliegues de la historia moderna, léase
exterminio, solución final con el indio, reparto manu militari
de tierras. De modo que la novela se clava en tres épocas
simultáneas, magníficamente evocadas y con un juego
de dobles sentidos extraordinario. Los mapuches, el ácido
lisérgico y la nootka, y un presente de anarquista gruñón,
memorioso de grandes ligas, a punto de rendirse ante las ligas de
su novia Beatriz.
Si bien Baigorria cita La lengua del malón de Guillermo Saccomanno,
su nouvelle remite mejor -por lo seco, lo vital, lo rebelde- a Situación
de peligro, aquella nouvelle de Saccomanno afincada en Mataderos,
la sufrida vida familiar, el viejo y la nona y ta' que los tiró.
Hay aquí resonancias claras de Fogwill y Rivera: Baigorria
produce una cruza virtuosa entre la herejía de Ejércitos
imaginarios y la contrición de La sierva y En esta dulce
tierra. Pero hay más. Esta no es una novela así como
así: es una autobiografía falseada, un ensayo; es
borde, frontera. Allí aparece un Mansilla leído por
Viñas, y Baigorria pasa el trapo mostrándose hábil
y conocedor en territorios también visitados por Perlongher;
vidas de crotos, linyeras y trashumantes que ya nos escribió
en un libro anterior.
No es común hallar una buena novela por estas tierras, pero
cuando sucede, sucede. A tomar nota: Correrías de un infiel,
de Osvaldo Baigorria

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ANA
POLIAK
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