|
12
Febrero 2006
VOLUNTAD
DE CAMINAR
RAID MAR DEL PLATA - TAPALQUE (BUENOS AIRES)

Daniel López, cumplirá 50 años en marzo de
2006, es un caminante de Crotos Libres, meses pasados buscó
compañía para una extensa caminata hasta los lagos
del sur, algunos se interesaron pero la idea no prosperó.
Su esposa Sandy Rolón, 45 años cuatro hijos, con la
que está casado desde hace 28 años, le comentó:
"yo te acompaño si vas hacia el norte y como no camino
tanto, si voy en un vehículo".
Daniel tomó en cuenta las palabras de su esposa y se abocó
a la tarea de conseguir un vehículo económico ecológico,
no contaminante, de tracción a sangre, para llevar a su esposa
y las pertenencias durante el mes previsto para el viaje, a un promedio
entre 40 y 60 kilómetros diarios.
Preparó un caballo y un sulky chacarero, debió cambiar
el equino por una yegüita mansa y el rodado por uno de ruedas
más bajas. Los preparativos duraron varios meses, pero sus
intenciones no decayeron y luego de un minucioso estudio de la ruta
a seguir, preferentemente por caminos vecinales de tierra, partieron
el domingo 12 de febrero a las 6 de la mañana desde Mar del
Plata.
La primer jornada no dejó de ser dura aunque agradable. Siempre
Daniel caminando y Sandy conduciendo el "sulky" tirado
por la yegua "Yaquira". Desde su casa en el barrio San
Carlos evitó lomas, llegaron al monolito de Luro y Champagnat
y luego de despedirse de amigos y familiares siguieron por la calle
25 de mayo hasta la rotonda del hipódromo (ruta 226) donde
lo esperábamos algunos Crotos en bicicleta para acompañarlo
en la primer jornada.
500 metros antes de la entrada a la "Laguna de Los Padres"
tomaron por el camino vecinal que lleva hasta el antiguo almacén
de "Las cuatro esquinas" donde muy bien atendidos se aprovisionaron.
Luego de un descanso partieron por el camino vecinal rumbo al paraje
"el Dorado"
A las 14 horas y ya habiendo recorrido 31 Km. los acompañantes
nos despedimos seguros que las férreas voluntades de Daniel
y Sandy cumplirán el objetivo propuesto, demostrando una
vez mas que las utopías pueden ser realidades.
La
idea primera era llegar a Merlo - San Luis donde Sandy tiene una
amiga de la infancia, pero Yaquira se enamoró y decidió,
el 21 de Febrero, quedarse en Tapalqué.
Febrero de 1998,
por Pedro el Croto
Caminata
Mar del Plata - Monte Hermoso (Pcia. Bs.As. por la costa)
La
avidez de recorrer el planeta en que habitamos en total LIBERTAD, prácticamente
siempre nos guarda sorpresas, por eso cuando Jorge “Pichi” Lanari
en los primeros días de enero me recibió con un ¡Tengo un recorrido
para febrero!, con atención y lentamente respondí: te escucho. La
respuesta le salió al decir de Larralde “Como chancho e’ los
maizales”: es por la costa hasta Monte Hermoso -
puede ser… respondí, -
y fue… por lo que paso a relatar detalles.
Con
el transcurrir de los días
comenzaron a aparecer interesados,
pero como no suele ocurrir,
por distintos y variados motivos el croterio presentó validas
excusas y hasta el mismo “Pichi” por razones de salud de un
familiar, se vio obligado a no participar de la larga caminata.
Con
ese panorama siendo las 6 de la mañana del domingo primero de febrero
partimos desde Luis Agote 283, cinco Crotos: Lidia y Roque de Rosario,
para acompañarnos unos kilómetros, Juana Savio que llegó hasta
“El Marquesado”, pues
al día siguiente debía trabajar y completando el plantel Ana María
y Pedro.
Los
pocos que accidentalmente a esa hora nos vieron, observaron con
curiosidad un trineo,
carrito o algo así que se desplazaba con bultos (carpa, agua y bolsas
de dormir) . El rodado por razones de practicidad
lo dejamos en corto trecho y optamos por aliviar y distribuir
de otra manera la carga, en nuestras livianas mochilas y resignadas
espaldas.
El
rumbo fue partir hacia la ciudad de Miramar, promediando el trayecto
hubo que abrigarse pues el viento sureste y el frío, conspiraban con
nuestro emprendimiento. Llegamos hasta el marquesado a eso de las 16
hs.. Allí nos dejó nuestra colega Juana y quedamos dos: Ana y Pedro.
En
una hora y media mas, estuvimos en Miramar, el camping “El
Durazno” nos pidió 8 $
por personas y decidimos seguir viaje buscando otra alternativa. Ya en
el centro la lluvia se puso en total contra y para no armar campamento
húmedos, convenimos volver en micro
a Mar del Plata, y el día siguiente retomar otra etapa desde
donde habíamos llegado, 18,20
hs. Partimos de regreso y
a la hora estabamos comiendo pizza dietética en Villa Bárbara
(puerto), donde pernoctamos y al día siguiente a las 8 partimos en
micro hasta donde habíamos llegado el día anterior: Estación
Terminal Miramar.
El
viento arreciaba, es así que aunque mas largo optamos transitar por
la banquina del camino que va hacia Mar del Sud. Los 47 Km. del día
anterior nos hicieron parecer pocos los 23 hasta el Camping “ La
ponderosa”. Allí luego de armar la carpa, como estábamos enteros
caminamos hasta el centro para conseguir alimentos y recabar información
sobre “El Centinela” punto de llegada de nuestra próxima etapa.
Comimos
un cono de papas y conseguimos que nos prepararan unos hermosos
canelones de verdura y unas porciones de tarta. En el kiosco de
diarios la ex directora del colegio de “El Centinela” nos orientó
sobre aquel pequeño paraje. Los canelones y las tartas no alcanzaron
a llegar al campamento ya que los dos Km. que distaban del
pueblo nos tentaron en hacerlos desaparecer en nuestras fauces.
Esa tarde estrenamos la nueva carpa “Iglú”, que compramos
por 25 $ y las cálidas bolsas para dormir de 20 $ c/u. Con el reparo
del salón de usos múltiples de la Ponderosa dormimos a pesar de los
ruidos del fútbol de mesa y a
las 7 de la mañana del martes 3 salimos rumbo a “El Centinela”.
Ondulantes pastizales, dunas, arena y mar enmarcaron nuestro camino y
empezamos a encontrar cosas: un slip rojo de hombre, (nos sirvió para
limpiar y secar la carpa), líneas de pejerrey
y corvina. A las
15 hs. perseguidos por una tormenta y luego de haber recorrido unos 40
Km. llegamos al socavón de
“El Centinela”, llegaron las primeras gotas
y me indicaron “allí cerquita, donde está la antena va
encontrar el almacén de don Nocetti” , caminamos por sobre la
barranca unos dos Km. y
nos topamos con una tranquera, allí convinimos con Ana que la antena
estaba muy lejos. Así Ana quedó con las mochilas, bultos etc. y corrí
aproximadamente 4 Km. hasta el almacén. Nuestra alimentación
vegetariana se vio mancillada por un poderoso salamín picado
fino galletitas y queso, retomamos el camino y esa noche a resguardo del acantilado en
“La cava” (Lugar de donde se saca tosca para los caminos)
armamos la carpa, atándola con sogas encontradas a unas piedras y dormimos muy felices. A la llegada del día siguiente
partimos ávidos de nuevas emociones y la primera no se hizo esperar
nos encontramos allí nomás con el arroyo “El pescado” el
puente estaba roto así que equilibrio mediante utilizamos unas
piedras para cruzarlo. El recorrido resultó entretenido y al divisar
“El barco hundido” supimos que estabamos cerca de Arenas verdes.
Ese Balneario lo pasamos y preferimos recalar ya bajo la lluvia en
“Costa bonita”, en su
única hostería
nos
alojamos y cenamos a precio croto en su magnífico salón comedor
vista al mar. Al día siguiente con
tiempo dudoso, previo
paso por Puerto Quequén y
tras consultar a la prefectura llegamos a Necochea.
En la estación terminal necochense,
averiguamos como volver
sobre ruedas desde Monte Hermoso, resultaba complicado de manera que
optamos por la
alternativa de viajar hasta Dorrego y de allí hasta Monte Hermoso ese
mismo día, de esa forma tendríamos que completar el recorrido
a la inversa. La
casualidad nos encontró con un atleta veterano que venía de Tres
Arroyos, aprovechamos para dejar peso y le regalamos gran parte de lo
encontrado en el primer trayecto, líneas de pesca, plomadas, boyas y
pelota de playa etc. , teníamos que esperar casi tres horas para la
partida y nos encaminamos a la orilla del río, donde descansamos,
luego fuimos a un “sufremercado”,
donde acopiamos granola para los días sin alimentos
y de paso comimos en el patio de ofertas. A las 16 partimos
para Dorrego, llegamos cerca de las 18 hs. mientras esperábamos la
combinación hacia Monte Hermoso se nos acercó un remisero ofreciendo
sus servicios, nos pidió 20 $ para llevarnos a destino, rechazamos el
ofrecimiento como buenos crotos al
rato volvió y nos propuso compartir el viaje con un empleado de
casinos y a bajo costo, aceptamos, en media hora ya estábamos en la
relumbrante localidad balnearia. Luego de recorrer el centro fuimos a
la dirección de turismo, nos enteramos del encuentro literario “ La
poesía y el mar”, cuando caminábamos hacia un camping nos
encontramos con los organizadores y apenas terminamos de acampar
volvimos a una cálida conferencia a cargo del presidente de la
S.A.D.E. Bernardo Ezequiel Koremblit. En un momento expresó: “Me
hacen trabajar por dos y somos cuatro en la oficina”, prosiguió:
“Es mejor ser feliz que tener razón”, en una verdadera catarata
de humor se hizo el siguiente planteo: “No se como escribir, pues el
que toma vino escribe como el agua y al que vende agua, no se le
entiende nada. Este iluminado remató su agradable charla con:
“Solamente los hombres superiores saben amar”.
Luego visitamos la biblioteca municipal, en las últimas horas
nos aprovisionamos de caramelos y recalamos en las bolsas de la carpa,
la lluvia intensa arrulló
nuestro saludable sueño.
El
sábado 7 nos recibió con un sol intenso y a las 6 A.M. desarmamos la
carpa y caminamos hacía
el centro, nos esperaban dos días y 70 Km, de recorrido sin
abastecimiento, así que planificamos llevar agua mineral y unas
bolsas plásticas por si la lluvia nos pudiera incomodar. Ya en una
simpática peatonal localizamos a
300 metros hacia el sur a la Prefectura Nacional Marítima. Los
prefectos muy poco nos aclararon sobre los accidentes geográficos
costeros pero aprovechamos para pedirles una tabla de mareas,
gentilmente nos la brindaron, a
partir de ese momento controlando esos datos con los de Quequén que
ya poseíamos, lograríamos la exactitud
de las pleamares para un mejor avance en lugares donde nos podían
perjudicar los acantilados. Ya hacia el norte en nuestro derrotero nos
encontramos en un duro camino de arena hacia Sauce Grande, que pensábamos
un importante balneario. El ronrronear de un tractor nos hizo saber
que no estábamos solos en el camino, arrastraba una caja arenera y ni
lentos ni perezosos con una simple seña trepamos para recorrer unos
diez Km. disfrutando del paisaje costero a otro nivel. Sauce Grande
tenía unas pocas casas y
en una de ellas conseguimos agua para las cantimploras, no había
almacén de manera que debíamos arreglarnos en dos días con eso y el
litro y medio mineral conseguido en
Monte Hermoso. Pensábamos que ya estábamos cerca del arroyo a
vadear, no era así, pero
afortunadamente los cargadores de arena que nos arrimaron
nos dieron explicaciones certeras, faltaban unos 7 Km. y
comenzamos la caminata, en
ese instante pasó un vehículo de los llamados areneros a paso lento
su dueño y perro se dignaron en llevarnos hasta el cruce ya que era
un turista vaqueano del lugar. Este Sr. nos recomendó que no se nos
ocurriera acampar en el monte siguiente, pues había tenido en ese
lugar una triste experiencia ya que el propietario del mismo tenía
perros adiestrados para correr extraños. Después de despedirnos de
nuestro cicerone cruzamos el arroyo “El Gaucho”, bastante correntoso, luego tras secar convenientemente
nuestros pies disfrutamos del soleado día. Médanos, caracoles,
medusas, lejanos bosques, diferentes arenas, nos acompañaron hasta el
atardecer. Vimos un molino hacia el oeste aproximadamente a unos
6 Km., ya era momento de acampar. Había viento que llegaba
desde el mar. Las marcas de la pleamar estaban a mas de 500 metros de
la costa por lo que armamos la carpa lejos de esas y en medio de unos
médanos que nos protegían en
derredor. Cenamos granola y cerramos los ojos acunados por el murmullo
del mar.
El
domingo 8 nos despertó haciéndonos saber de lo acertado del lugar
elegido, el agua de pleamar había llegado exactamente hasta el médano
que nos protegía del lado del mar. Armamos nuestras pertenencias y salimos rumbo norte hacía lo
que creíamos balneario Oriente. Ana María marcó camino, optó por
no cruzar la lengua de mar que quedó aislada en
bajante. Desde
donde estábamos no se podía
ver la orilla del mar. En un momento dado comenzamos a escuchar el
canto de ranas. Ya el agua no era de mar, nadie nos había dicho de la
existencia de ese o esos arroyos y menos aún,
la salida al mar en forma de amplios bañados. En un
momento dado, la
guía debió mojar sus zapatillas y cuando quisimos acordar ya estábamos
totalmente empantanados, sin brújula y con la sola orientación del
sol y el sonido del mar, caminamos entre barro y pajonales hasta que
logramos arena firme, el mar borró los rastros de estos
inconvenientes y hasta medio día fue placentero el avance, luego
vimos flotar algo a 60 metros de la costa, la curiosidad me llevo a
nadar hasta allí y llevar el objeto a la costa. Tumbado y a la
deriva, se encontraba un flotador compuesto por dos tubos P.V.C. con
un bastidor de hierro con un prolijo velamen, indudablemente fabricación
casera, lo retiré hasta la costa y descubrimos una extensa tanza que
con un anzuelo en su extremo había atrapado un caracol de 20 centímetros
al que naturalmente liberamos. Seguimos caminando mientras el viento
aumentaba, comimos frugalmente, ya sobre las 15 hs. vimos los primeros
pescadores, un inmenso médano nos marcó el lugar donde personas
adultas practicaban naturalmente nudismo, en las playas siguientes
vimos mas pescadores y
una duna arbórea, en diagonal creímos llegar a Oriente. En el único
parador playero nos dijeron: “ Esto es Mar y Sol, Oriente queda 25
Km. adentro”. Allí comenzó un fluido diálogo y también nos enteramos
que en nuestro camino estaba un bravío arroyo que no se podía
cruzar, -¿ Donde van Uds.? - nuestra próxima etapa es Reta, -
contestamos - yo hoy voy allá, me llevan a jugar al fútbol - dijo el
adolescente que atendía el local -
¿ Y en que vas ? - me lleva un colectivo que va juntando
jugadores - ¿Nosotros podemos ir? - Pregúntenle al conductor,
pero miren que no llega rápido, pasa por Oriente, sigue por
Copetonas y después llega a Reta, viene a las cuatro y media.
Tomamos agua tónica y compramos mas para el nuevo recorrido,
comimos lo único que había, salchichas, unas masitas dulces y
ya llegó el personaje: colectivero y entrenador del equipo de
Copetonas, nos cobró 5 $ a c/u. por el traslado, era la única
salida, agradable por demás y fue así que por un polvoriento y
serpenteante camino salimos hacia Oriente. El vehículo crujía no sólo
por los pozos del camino, el stereo aturdía acompañando el andar,
sin embargo pasó algo curioso en el momento de pasar frente al
cementerio pueblerino, el conductor apagó la música, luego la volvió
a colocar. “ A
esa casa viene Maradona” dijo nuestro
guía, tras sus silencios no muy prolongados nos indico - esto es
Oriente, ese camino lleva a la Cueva del Tigre, era un hombre que le
quitaba a los ricos para darle a los pobres, otra vez que vengan la
pueden visitar, ese es el puente viejo y el que vamos a pasar el
puente nuevo el arroyo separa los partidos de Coronel Dorrego y el de
Tres Arroyos. Mientras tanto el entrenador subía mas jugadores, paró
en su casa para cargar botiquín,
pelotas etc. y continuaba recogiendo casa por casa, sus
pupilos. Pasamos por Copetonas con detalles pintorescos aportados por
nuestros ocasionales acompañantes y pensando nosotros “Por aquí en
esta estación ya desmantelada de vías y durmientes habrán andado
Bepo y Finamori”, seguimos
por un camino vecinal hasta ala villa balnearia de Reta, el colectivo
nos dejó a pocos pasos de la playa. Nos despedimos. Habíamos
solucionado el problema del cruce del arroyo. El bajar a la playa
mostró que ingenio procaz de
algunos argentinos, al cartel “BAJADA DE VEHICULOS” habían
modificado la primer letra y borrado las dos últimas de la primer
palabra, mientras que de la final le quitaron las cuatro primeras.
“Hasta aquí llegó la civilización” comenté, riéndonos. Serían
las 18,30 y enterados que había otro arroyo a unos kilómetros mas
adelantes decidimos cruzarlo ese mismo día y acampar lejos de la
villa. Fue fácil cruzar y entre flores y varios altos médanos fijos
establecimos el campamento hacia el domingo 8 de febrero.
Bello
amanecer, barcos hundidos, monolito de los pescadores de Tres Arroyos
al Sr. Cristensen un
inocente convicto que llevado hacia la cárcel de Tierra del Fuego se
tiró al mar y recaló en esas playas, olvidado por la justicia, vivió
en el lugar ayudando a los pescadores deportivos hasta su muerte.
Luego de pasar “El Caracolero”, comenzamos a encontrar un mayor número
de pescadores y pobladas playas vadeamos un arroyo importante y así
nos encontramos en Claromecó, (K’la-ro-me-co, voz araucana que
significa tres aguas)ya con abundante barba
nos cruzamos con una nórdica mochilera
y escuchamos un
simpático ¡mamá, mamá un mochilero!, gritado por una niña.
Dejamos la playa y nos internamos en el pueblo, encontramos una casa
de comidas rápidas y devoramos deliciosas milanesas con abundante
ensalada. Con el estómago lleno caminamos hacia el centro, por
carteles nos enteramos de una ultra maratón del atleta Guillermo
Andersen, de Tres Arroyos. Allí fuimos a alentar a nuestro colega
deportista y resultamos reporteados por radio. El acontecimiento
deportivo de 24 hs. terminaba a las 20
ya eran las 16 hs. y convenimos encontrar el camping del A.C.A.
a mas de 2 km. de distancia y hacia allí partimos. La jornada ya
estaba siendo algo agotadora, pero el lugar elegido fue un verdadero bálsamo
para nosotros, está inmerso en un vivero de 2200 hectáreas en su
mayoría de coníferas, la
amabilidad de la encargada, las prolijas instalaciones era mucho mas
de lo esperado, lavamos ropa, me afeité la abundante barba y
descansamos hasta la hora 19,30 en que partimos para estar en la
llegada de la particular ultra maratón. Allí estuvimos, mas
reportajes, abrazos con el atleta, aplausos, bullicio y una formidable
tormenta, intensa lluvia, de apuro compramos algo de fruta y un
remisse nos alcanzó por $ 2,50 hasta el camping. La ropa lavada casi
seca se mojó totalmente, la colocamos en la sala de calderas y en un
salón de usos múltiples nos prepararon canelones caseros de verdura.
La opípara cena fue preludio de una plácida carpa en la que
nos metimos en un alto de la lluvia. La tormenta siguió toda la noche
y fue la prueba de aptitud de nuestro albergue. Dormimos
bien comidos secos y limpios. El lunes 9 a las 7 hs. partimos
hacia lo que creíamos Orense. Salimos caminando hacia el mar, había
mucho viento S.E. cruzamos frente al faro que está allí desde 1922 y
tiene 54 metros con 278 escalones y bajamos del médano,
el mar estaba alto y penetramos en otros y otros, buscando no
ser perjudicados por el viento seguimos por dunas fijas y
¡sorpresa!, en un monte de aromos, pinos, tamariscos , colas
de zorros, arenas juncos etc. quedamos cerrados, salimos casi gateando
por un cause seco de un canal natural,
luego fue un trayecto tranquilo, entretenido. Familia nudista,
pescadores, un
vivero dunícola
y cuando menos lo esperamos
¡Por fin!, un
camping sobre la playa.
“Médano
40”, municipal $ 5.- dos personas, allí
nos quedamos, empanadas caseras, sol, agua etc. pizza casera,
a la noche fideos amasados por $1, helados y dormir con buen reparo.
Ecológicamente perfecto hasta el martes 10, día de abundante espuma
de mar arroyos, arenas rebeldes, buques hundidos, laboriosa casa
en piedra de playa prácticamente tapada
por un médano y a lo lejos un parador sobre la playa, intenso viento…huellas permanentes de un caballo, barco hundido,
vadeamos el arroyo Cristiano muerto,
cerca ya de las 15 hs. las ráfagas nos empujaron virtualmente
hasta la arbórea villa balnearia de San Cayetano. Recibimos orientación
y bienvenida en “Oasis” donde su dueño Sr. Ariel Muñiz nos historió
la zona con lujo de detalles.
Lo mas conveniente era el camping municipal y allí fuimos
a recalar. Nos encontramos con los encargados, un matrimonio y su
sobrina, cordiales en grado sumo, que nos acogieron como familiares
y por $ 3.- c/u. tuvimos campamento
inmejorable, arboleda, fogones, hornos de barro, baño caliente
reparador, etc. sumado a una formidable cena,
nos aumentaron la felicidad de la aventura, allí aparecieron
el bañero (marplatense) y el creador del parador de la playa, se
armó una sobremesa completa, hasta revisaron una lesión en mi pie
y tras esa junta de consulta nos invitaron para el día siguiente
en la costa, harían pizza, mate y pan en nuestro honor. Con mas
felicidad acumulada, fuimos a dormir
hasta las 7 hs.. El desayuno, invitación de la casa, fue
muy prolongado, tanto que duró hasta media mañana, lamentamos tener
que irnos, pero estaban pendientes las otras invitaciones. Cruzamos
la villa rumbo al mar y allí encontramos al guardavidas Carlos Echeverría,
otra vez desayunar, pan casero etc., una guitarra,
que reparé y me sirvió para movilizar los dedos deseosos
de técnica. Como si fuera poco apareció un saxo alto, propiedad
de otro bañero necochense, al que Ana María le sacó buenos sonidos,
hicimos dúo y ya apareció el creador del parador playero. Fiesta
total que terminamos bien entrada la tarde. Nuestros nuevos amigos
nos informaron sobre la existencia de un refugio costero de singulares
características. Corroboraban lo que nos habían comentado en el
camping. Lo teníamos
decidido, nuestros
pasos se dirigirían al lugar, para terminar el día de una forma
diferente. Nos despedimos, con el sabor agridulce de separarnos,
en menos de 24 horas seis personas se habían brindado desinteresadamente
a nosotros, el Sr. de Oasis, la familia del campamento, el bañero
Carlos y su amigo Sergio “Llamarada” Giuliano (Hoy en Ibiza) del
parador y todavía nos faltaba el refugio… y
partimos.
Médanos
“vivos” (sin fijar) amplias playas, soleada tarde acompañaron
nuestros 115 pasos de 80 centímetros por minuto, ritmo adquirido, a
encontrar antes de lo pensado el arroyo “Zabala”. Vimos de nuestro
lado un Jeep, no estabamos solos. Un laborioso puente de madera nos
ahorró la dificultad de vadear, al cruzar vimos en el arroyo dos
pescadores, saludamos desde lejos y según las indicaciones que nos
habían dado tomamos rumbo del cercado refugio. Bordeamos un lago con
patos, siguiendo la huella vislumbramos
la forma “alpino del refugio”, con desconfianza vimos que
la tranquera de alambre estaba caída, evidentemente había personas,
entramos en el predio y cerramos la tranquera, vimos asomarse a un niño
y con paso decidido nos acercamos a la vivienda. Los que estaban eran
visitantes transitorios, familiares de los pescadores nos reconocieron
como parroquianos de Oasis y tras las presentaciones (Flia. Paz), nos
mostraron las distintas dependencias y funcionamiento del ahora
“nuestro refugio”. El Sr. Gabriel, esposa, dos niños y abuela, al
cabo de varios años con inusual tenacidad,
tabla por tabla, habían construido la vivienda “alpino” en
unos terrenos comprados por fotografías “Frente al mar” en un
lugar inaccesible por Necochea a pesar de estar en el límite de ese
partido y con dificultades extremas de llegar por San Cayetano. Esta
familia con un Citröen viajando con bajante por la arena,
llegó al lugar y no claudicó, ni abandonó como otros, lo que
había adquirido inocentemente. El refugio cuenta con agua potable, baño, ducha, camastros,
alimentos, salamandra, mesa, bancos, agua y mesada interior, revistas,
libros, líneas de pesca, carnada seca, juegos de entretenimientos,
dados, barajas etc. está equipado con fósforos, velas, vajilla,
equipo de mate y demás. Falta decir que todo el que va deja en
cuadernos (ya van por el
cuarto) sus impresiones del lugar que, por supuesto no tiene
cerraduras. Por fuera tiene traba y un cartel que dice:
“cuando te vas cerrá la puerta”.
Esta maravilla por el momento tiene desactivada una pantalla
solar y posee un molino con alternador para cargar una batería de 12
voltios. En ese simpático lugar, lo mas parecido a una perfecta e
inusual “Crotera” pernoctamos sin armar la carpa hasta el jueves
12 de febrero.
Un
frugal desayuno fue la nostálgica despedida de ese poético solar, no
solamente trabamos la puerta con prolijidad, sino también la
tranquera, pues el ganado que ronda el lugar muchas veces destrozó la
incipiente plantación de arbustos y pinos.
El
mar estaba alto, por lo que debimos seguir por sobres las barrancas un
largo trecho. Poco simpáticas fueron las alambres electrificadas,
aparentemente con poco voltaje. Algunos terratenientes llegan hasta la
playa con sus postes y alambres(?), cual poderosos dueños del mundo.
Para nosotros no fueron
barreras y tras observar y ser observados por diferentes ganados
fuimos transitando hasta bajar nuevamente a la playa, encontramos un
enorme árbol hueco. Un día espléndido, en los acantilados éramos
acompañados por las golondrinas
y algunas especies que cavaban como topos, en las playas
distintas variedades de gaviotas y
pájaros pequeños ampliaban
nuestra curiosidad. Cerca
de las 15 hs. en unos acantilados encontramos a unas señoras españolas
que nos indicaron que estabamos aproximándonos a la villa balnearia
de “Los Angeles”. Pocos árboles, muchas ondulaciones, varias casas rodantes y
4x4 fueron el preludio de
una amplia bahía. Acostumbrados a preguntar nos enteramos que sobre
la costa no había despensas ni infraestructuras turísticas - Acampen
donde quieran - nos dijeron unos lugareños y armamos campamento entre
unas dunas fijas por pastos a unos 300 metros de la costa y 100 del
camino entoscado que va a Necochea. Nos faltaba agua y alimentos, así
que mientras Ana María quedaba con las pertenencias, fui en busca del
único almacén sobre el camino a unos cinco Km. Estaba cerrado debí
esperar que se levantaran de la siesta pueblerina, pero bien atendido
logré abundante fruta, queso, agua y galletitas. Regresé cortando
campo de dunas, el sol intenso estaba implacable, cenamos,
la carpa mantuvo
calor veraniego hasta el anochecer.
El
viernes 13 amaneció soleado, desayunamos frutas, desarmamos
campamento y salimos rumbo a cumplir la última etapa caminando,
recorrimos lentamente las playas de “Los Angeles” y los siguientes
areneros que proveen a Necochea. No tardamos en encontrar pescadores y
turistas, nos estabamos acercando a las cuevas provocadas por la erosión
del viento y mar, aprovechamos la bajante y con buen ritmo llegamos a
las alejadas playas de suave declive. Nadamos, tomamos sol, agotamos
alimentos y agua para llevar menos peso
y cerca de las
15,30 llegamos a la villa balnearia que rodea el casino de Necochea.
Allí sentimos la alegría de haber completado una croteada distinta,
al menos para nosotros. En numerosas oportunidades gozamos del baño
de mar. No nos quedamos con el haber dibujado alguna vez el contorno
marítimo de la provincia de Buenos Aires, en esta oportunidad lo
“pateamos” y nadamos, en
definitiva fueron algo así como 420 Km. por la costa. El ritmo
crucero de la caminata es de 115 pasos de 80 centímetros por minuto,
genera un promedio de algo más de 5 Km. por
hora. Las distancias aproximadas por el camino realizado en Km.
son mas o menos estas: Mardel Plata-Miramar 47, Miramar-Mar del Sud
23, Mar del Sud-Centinela 40, Centinela-Costa Bonita 40, Costa
Bonita-Necochea 15, Monte
Hermoso-Sauce Grande 10, - Sauce Grande-Sol y Mar 60, Sol y Mar, Reta, Claromecó 30, Claromecó-Orense 30,
Orense-San Cayetano 30, San Cayetano-Arroyo Zabala 14, Arroyo
Zabala-Los Angeles 26, Los Angeles-Necochea 30.
En las últimas horas del viernes 13 regresamos desde Necochea,
demostramos una vez mas que austeramente, a lo Crotos,
se disfruta más de la naturaleza.
******
Noviembre
de 1999 - Vuelta a Cuba en bicicleta
Piden
que les cuente.. por Pedro el Croto
Hola, “Piden que les cuente y les contaré”...tal como el
comienzo una canción infantil y espero les agrade nuestra experiencia
de noviembre del 99’. Nuestra,
pues Ana María y Livio también fueron partícipes de ésta
pequeña aventura,
no casual,
ya que agregamos tópicos poco comunes.
Con bastante antelación, dirigimos nuestros pasos al Estudio
Turístico, sabiendo de tramites exentos de mercantilismo. Con las
ventajas aéreas de baja temporada logramos pasajes,
Bs.As. - Habana – Bs.As., con un viaje extra Santiago –
Habana y
traslado terrestre Mar del Plata – Ezeiza,
ida
y vuelta. El valor agregado fue llevar bicicletas y un pequeño
equipaje de mano. Finalidad principal: recorrer la isla durante un
mes, moviéndonos en nuestros medios. El traslado hasta Ezeiza lo
compartimos con dos jóvenes triatletas que competirían en el
exterior, revivimos risueñas anécdotas. En el aeropuerto,
nos desagradaron
precios abusivos de restaurante y snack.
Partimos en vuelo de Cubana. Un agradable amanecer nos encontró
armando las bicicletas en el aeropuerto de la Habana. Difícil resumir
abundantes recuerdos. Favoreció haber estado con anterioridad en ese
país y el tener contactos artísticos, deportivos y culturales. Nos
hospedamos en una casa familiar habilitada para turistas. Residencias
y pequeñas casas de comidas (Paladares) se reconocen por un triángulo
azul en las puertas, el que las busca,
es informado. Los precios para dos personas generalmente oscila
entre 15 y 25 USD, comidas 5 a 8 y desayunos entre 2 y 3 (precios en
divisas). Fuera de la Habana los valores pueden ser menores. El cambio
de moneda es 21 pesos cubanos por dólar. Pizza tamaño plato: 2 a 4
cubanos igual precio por corte de cabello.
Existen “Bicitaxis” para una o dos personas, recorren
lugares típicos y particularmente la “Habana vieja” . Para
distintas apetencias están los Museos, Teatros, espectáculos
musicales, deportivos etc. y
no resulta difícil satisfacer deseos personales de recreación.
El confort hotelero es presentado en
cadenas internacionales de 5 o menos estrellas, es común el
alquiler de autos con o sin chofer. Optamos por nuestras bicicletas.
Nos acompañaron
palabras en inmersos carteles :
“No existen proyectos imposibles, sólo hombres incapaces”
José Martí “La vida es lo que pasa, mientras uno se está ocupando
en hacer otras cosas” John Lennon
Nuestro recorrido fue de 1.512 km. en bicicleta tipo
“mountain”, unos 180.
caminando y distancias no tenidas en cuenta en variados vehículos.
El
31/10,
en aeropuerto de
La Habana comenzamos a pedalear hasta la zona de Miramar
fijamos residencia
hasta el día 3/11 y partimos
hacia El Abra (camino a Varadero), seguimos el 4 hasta Matanzas
, el 5 cubrimos
Matanzas - Villa Clara en trén,
días 6,
7 y 8 permanecimos en Villa Clara,
el 9/11 en Yagüajay, el 10/11
Yagüajay - Chambas, el 11 Chambas - Ciego de Ávila,
permanecimos en su Universidad hasta el 13 que partimos para Camagüey.
Luego de un activo fin de semana seguimos hacia Las Tunas. En trayecto
de emergencia por ciclón llegamos a Bayamo, el 16 nos encaminamos
hacia Santiago, el 17 y 18 permanecimos allí y nos orientaron para
cubrir el trayecto hasta la histórica Guantánamo, el 19 fuimos hacia
Imías, donde nos alojamos en una confortable cabaña. Partimos
el día siguiente rumbo a Baracóa, luego el 21 recorrimos el bello y
virgen camino hasta Moa y el siguiente llegamos a Guantánamo, para
regresar a Santiago el 23 y permanecer hasta el 25 en que realizamos
el vuelo hasta La Habana. Disfrutamos
tres días esperando el vuelo a Bs.As.. En la madrugada del
lunes 30, ya en Argentina,
viajamos
por tierra,
en regreso a Mar del Plata.
Cumplimos algunas misiones:
Invitamos a atletas veteranos al sudamericano de atletismo
noviembre del
2000. Llevamos material deportivo al estadio Panamericano y
Complejos de actividades físicas. Depositamos “Tango para
Ernesto” de mi autoría, en el Memorial del “Che”.( Santa
Clara). Nos hospedamos en Hoteles de las Universidades de
Matanzas y Ciego de Ávila. En casas de familia de la Habana,
Villa Clara, Camagüey, Yagüajay, Santiago y Baracóa, hoteles de
Chambas y Moa, cabañas de El Abra e Imias. Conocimos la Academia de
Ciclismo de Ciego de Ávila, nos homenajearon en la Casa del Tango y
en Casa de La cultura con un Concierto. Visitamos los memoriales del
Che en Santa Clara y de Camilo Cienfuegos en Yagüajay. Nos recibieron
Clubes Ciclistas e hicieron notas periodísticas. Pedaleamos
varios Km. con cuatro ciclistas vascos, un norteamericano y muchos
cubanos. Entregamos mas de 30 cartas y trajimos otras tantas.
Registramos pocos inconvenientes mecánicos y ninguna caída.
Bailamos, nadamos, visitamos las cuevas de Bellamar en Matanzas,
soportamos agradables lluvias en 10 de las 24 etapas. Hicimos
trayectos inolvidables. Así nos fue... De Bs.As. volvimos a Mar del
Plata con tormenta . De regreso, a la “Avant”
le cayó una enorme rama de árbol caído, no paso nada y el
servicio nos dejó felices en casa. Los recuerdos se suman en cuatro
álbumes fotográficos.
Contar es viajar otra vez. Si interesan mas detalles, gustosos
los brindaremos.
Lo conté muy sintetizado
Pedro.-
§
*********
A la ciudad de Tandil el 10 y 11
de Abril de 2000 por Pedro el Croto
Crónica de un viaje
y tributo al amigo “Bepo” y su causa
Al cumplirse el primer aniversario del fallecimiento de José
Américo “Bepo” Ghezzi, estuvimos en la Ciudad de Tandil y no nos
alcanzó el tiempo para realizar una detenida visita a la Biblioteca
del Club “La Movediza ”que lleva el nombre del carismático
“Linye”.
Quedaron los contactos y la promesa de una vuelta para
reunirnos con quienes habían tenido la feliz idea de perdurar un
lugar de cultura adecuado a la personalidad del libertario trashumante
y poeta tandilense.
Posteriormente al llegar una vez más, con la caravana de
ciclistas veteranos, nos encontramos con la sorpresa que la Comisión
Directiva de la Biblioteca nos esperaba con refrescos, hermosas
palabras y reiteradas invitaciones. El corto tiempo también en esa
oportunidad, no nos
permitió disfrutar tantas gentilezas.
Posteriormente los integrantes de la Agrupación de Crotos
Libres, pensamos lo interesante de una croteada por lugares serranos
que vieron nacer a Bepo. A pesar de las limitaciones negativas que
ofrece la falta de florecimiento económico, conformamos un núcleo de
15 Crotos dispuestos a viajar hasta la ciudad de Tandil, el 10 y 11 de
abril de 2000. La cantidad de viajeros pudo ser mayor, pero el vehículo
que nos transportó conducido por José Luna, ya estaba mas que
completo. A las 8,30 del sábado bajo una intensa neblina, partimos
desde Luis Agote 283, el multifacético Délfor, Pepe el cocinero, María
Elisa la Yogui, Ana María y yo, a los cien metros se nos agregaron
Miguel, pintor y guía, su compañera Cristina e hijo de 10 años.
Luego don Angel Mateo (disertante en la Cumbre del 96’), y Leticia,
estudiante de periodismo. Llovía intensamente, nos dirigimos a
levantar el último grupo que esperaba en zona del “monolito”,
Ana la modista, Graciela la fotógrafa y las tres hermanas
Gloria, Marta y Juana, entrerrianas y grandes caminantes. Entre
mateada y ranchada llegamos casi sin darnos cuenta al acceso principal
de Tandil, había aclarado y caían pocas gotas de lluvia. La amistad
Crota permitió alojarnos en el “Hogar de varones” de la calle
Balbín, que en el pasado fuera un alojamiento de menores y maestros.
El lugar de raíz religiosa es regenteado por Juan
Vallejos, veterano
ciclista que cumple una misión desinteresada con su esposa.
Nos alojamos por mínimo aporte y hasta tuvimos calefacción y
desayuno. El programa preparado por la Comisión Directiva de la
Biblioteca, incluía una caminata por las vías para llegar hasta el
club “La Movediza”, pero atento al mal tiempo decidieron
suspenderla. No amilanados, salimos a las 12,30 caminamos con lluvia,
rumbo al oeste. Mateo y Délfor quedaron en el centro para almorzar y
encontrarnos posteriormente en la Biblioteca. Nuestra caminata tenía
destino las calles Formosa y Jujuy. Al aviso de ¡a comer! nos
gratificamos con bocados regionales regados por inoportunas lloviznas.
Observamos antiguas construcciones del perímetro ciudadano y fuimos
configurando líneas hacia nuestro destino. Cual forasteros chambones,
luego de preguntar y encontrar la calle Jujuy decidimos hacer
una recta hasta calle Formosa. ¡Sorpresa!, tomamos un sendero de
tierra con loma y barro.
Seguimos, a dos cuadras, cruzamos a una persona de la
biblioteca, asombrada balbuceó -¿Ya están aquí?, Tras pocas
palabras, seguimos embarrándonos, a las
14,30 ya estábamos en la Biblioteca, aun
cerrada. Sentados en la vereda, compartimos una frugal
ranchada. Alertados por la señora que cruzamos, comenzaron a llegar
sus directivos de la Biblioteca y del Club.
Se realizó una mateada con delicias caseras. Nos impusimos del
funcionamiento del lugar, pulularon fotos y anécdotas de allegados y
familiares de “Bepo”. Ya
cerca de las 16, mejoró el estado del tiempo y nos invitaron a
continuar con el programa previsto. Caminamos junto con los
integrantes de la Comisión, niños
y Catalina una prima de “Bepo” de más de 70 años. Cruzamos un
agreste camino luego de salvar un alambrado de púas, rodeamos un añoso
eucaliptos y llegamos a las vías que acercan con curvas y contra
curvas, al lugar en el que estaba la casilla escuela que concurrió
nuestro ilustre Croto. Bordeando lagunas de canteras llegamos al lugar
natal de Bepo y desde allí tomamos un camino que nos llevó, hasta la
casa en piedra de los Conti, la misma que aparece en la película de
Ana Poliak y que fuera la residencia de Uda, el amor platónico de
“Bepo”, donde él llenaba los baldes con agua mientras ella
ejecutaba en piano el vals “Danubio azul”. La particularidad
arquitectónica de la que fuera vivienda merece extenderse en una
descripción, muy a pesar de lo lamentable de su estado actual. El
exterior totalmente de piedra gris, muestra un riguroso estilo
italiano de base rectangular con amplios ventanales verticales
combinados con altas puertas. Amplias y numerosas dependencias de piso
de madera deteriorada por las lluvias y humedad ya que los techos
muestran grandes orificios muestran sótanos conformados bajo travesaños
de hierro con formatos de vías de ferrocarril. Es curioso que los
diferentes dueños no hayan decidido un mantenimiento adecuado, ya que
el lugar puede ser un polo turístico o de desarrollo social tal como
biblioteca, museo u hogar comunitario. El lugar que podríamos
llamarlo jardín ha dado lugar a una profusa vegetación, que se
desarrolló muy libremente. Pocos metros hacia el oeste una caseta
canina en mampostería de simpática línea constructiva y cuidada
terminación. Al noreste y frente de la vivienda dos galpones, uno
simple con fosa, determina que en algún momento se utilizó como
garaje de automóvil y el otro, doble de puertas corredizas muestra en
el piso unos grandes tornillos en base elevada, hacen pensar en una
instalación de algún potente generador de energía.
Caía la tarde y determinamos regresar dejamos el sendero y
apareció una tranquera tipo estancia cubierta de vegetación,
llegamos nuevamente a las vías, caminamos entre hojarasca evitando
charcos apareciendo las ya silenciosas y abandonadas rompedoras de
piedra. Llegamos hasta un inmenso eucalipto que probablemente por un
rayo o depredadores tiene un curioso formato a la altura de dos metros
semejando un inmenso nido, desde allí observé los altos del cerro
“La movediza”, como
ocurre permanentemente, se perfilan siluetas de visitantes. Desandamos
camino, volvimos a rodear la inmensa piedra “El bochón”. Ladeamos
un cúmulo de desechos industriales en moldes areniscos, productos de
épocas de florecimiento lugareño en fundiciones metálicas. El último
tramo bastante barroso lo hicimos luego de pasar otro alambrado y
zapatear fango en el asfalto de la calle Salta. Nos esperaban con
mateada y pastelitos. Se hicieron presentes los medios de comunicación,
familiares y amigos de “Bepo”. Se desarrolló un pequeño acto,
entregamos bolsas de libros y emblemas de nuestra agrupación a los
miembros de la comisión directiva. Hubo emocionadas palabras, nos
comentaron logros y funcionamiento cultural. Promediaba la reunión y
la bibliotecaria vino con la noticia de un llamado de la ciudad de La
Plata, “habló Tango y Lechuza
en representación de los crotos de su zona, señalado su adhesión al
momento que estamos viviendo”.
Nuestro escritor Angel Mateo distribuyo profusamente copias de
su creación literaria y presentamos al retoño de roble que plantaríamos
al día siguiente en homenaje a José Américo “Bepo” Ghezzi.
Alrededor de las 19,30 hs. retornamos
a nuestro alojamiento caminando como verdaderos Crotos, acompañados
por el payador Cacho Rodríguez y varios miembros de la Biblioteca.
En el camino se organizo
una ranchada en la particular crotera de Cacho y cerca de las 22 hs.
partimos hacia nuestra base de la calle Balbín 932, dormimos plácidamente
hasta las 7 del domingo 11, desayunamos y a las 8 partimos a con
destino a la elevación del “Centinela”. Cruzamos el desolado
centro, a medida que avanzábamos se nos iban incorporando otros
amigos: los perros, llegó un momento que teníamos siete a nuestro
lado. Cruzamos la plaza principal, llegamos al parque y fuerte. Luego
descendimos hasta el dique, cruzamos por el pasaje hasta el lado
opuesto, algunos perros por lo angosto y concurrido lugar ya que había
numerosos pescadores deportivos que se vieron impedidos de pasar y
tomaron a los saltos, la determinación de seguirnos por el perímetro
lateral del dique. Bordeamos el lago y por un camino comenzamos a
preguntarnos dónde estaba nuestro objetivo. Nuestro guía, el Croto
Miguel nacido en Tandil estaba algo desorientado, pero preguntando a
un atleta y un lugareño encontramos el rumbo verdadero. Uno de los
perros perseguía a tarascones a los coches y a uno le arrancó una
bagueta. Cuando faltaban 800 metros para el cenit del destino, Leticia
y Cristina daban claras muestras de agotamiento. Volvía el coche,
justamente el mordido por el perro, le reintegramos la bagueta aclarándole
que los perros no tenían nada que ver con nosotros ¡todavía nos
acompañaban cinco!. De paso le pedimos que acercara al centro a
Leticia. O no entendieron o al recobrar la parte faltante del coche
volvieron hacía “El Centinela”. En definitiva la Crota llegó
primero que nosotros. El pintoresco lugar pronto nos tuvo como
visitantes ilustres y menudearon las fotos y las
degustaciones en el lugar de caza-turistas. Juana compró y los
demás curioseamos. A ese entonces teníamos sólo una hora para
volver. En dos remises regresaron los caminantes que estaban agotados.
Los seis caminantes que quedamos, mas cuatro perros: las tres hermanas
Savio, Pepe, Miguel y yo (Ana María, había quedado para colaborar
con el asado), comenzamos el descenso, a paso casi corriendo
vislumbramos que podíamos encontrar un camino mas corto, y tomando
por la izquierda de un cerro ubicamos un pintoresco camino de tierra
que aunque zigzagueante nos llevó directo hasta la calle del club
“La Movediza”. A las 1,06 arribamos al lugar donde seríamos
homenajeados. Estaban presente los medios periodísticos y T. V..
Con una guitarra improvisé versos alusivos al momento especial
que vivíamos. Cacho Rodríguez, se lució como parrillero y la
materia prima era de primera. Hubo palabras, canciones, versos y en
clima muy cordial debimos determinar que había llegado el momento de
plantar el roble. Partimos como en procesión hacia el
barrio “Universitario” pocas cuadras al oeste de la
biblioteca. Emocionante y sencillo acto. Nos esperaban los lugareños
ya con el pozo hecho y hasta el sol poéticamente se asoció al
momento. Unico árbol en la plazoleta y con historia ya que fue fruto
de haberlo encontrado en la ruta cercana a Concordia cuando volvíamos
del norte y justamente en el recorrido que hicimos cuando a la ida
estuvimos dos días en la casa de “Bepo” en Arenales 233. Este
retoño quedó señalando un fin de semana inolvidable para mucho de
nosotros.
Regresamos a la biblioteca, en reiterada despedida, nos
esperaba nuestro transporte y cargados de emociones tomamos rumbo a
Mar del Plata, no sin antes cargar varios termos de agua, elemento
vital de una de las tres marías de los crotos. Con sombras ya
arribamos a Mar del Plata. Cerró un capítulo más.
********
16
Diciembre 2000 por Sebastián el Croto (Barcelona)
Un
viaje por Marruecos
Un día pasa volando? Y dos? Y
tres?
Puede que si, apenas lo vi, pero ya
es de noche y ya no hay nada.
Todavía no logro despegarme de
cierta paranoia. Todo parece tan peligroso, pero a la vez son todos
tan amables... Youssef se me ha aparecido como una lapa amable. Fiel a
mis principios no ha logrado sacarme ni una rupia.
Es difícil establecer relaciones
sinceras por estas tierras, hay mucho billete en juego o muchas
monedas.
Me esta entrando el gusanillo por
la lectura. Poco a poco. Me viene de gusto un libro y aprender algo de
árabe-marroqui.
¿Cuánto ofrecerle a Youssef en un
acuerdo equitativo y a la vez satisfactorio para mi?
Hoy apenas he comido. Donde fueres
haz lo que vieres. Apenas ha caído en mi estomago unas mandarinas, un
café y unas pastitas. Supongo que la harira me entrará como por un
tubo envaselinado.
Qué diferente sería todo con i
hermosa Beatriz a mi lado! Me es imposible pensar en nada desagradable
a su lado... estaré poniéndome gilipollas?
Lejos de todo y con un mes por
delante.
Tal vez sea el momento oportuno de
escribir largo y tendido o empezar una aventura, arrojarme a las
descripciones.....
Marrakech tiene aún rincones que
me gustaría experimentar... la zona del cementerio saudi, Gueliz. Y
ese autobús que tiene que llevar a alguna parte.
EL
Sindi Sud
Volvía
a Marrakech después de varios días de lluvia y barro, perdido en el
Valle de Ourika.
Sucio,
húmedo y maloliente, el apretuje del autocar no me decía nada
especial, ni antropológica ni asquerosamente. Mi otro yo dormía, el
yo curioso y navegante dormía.
Ahora
solo ensoñaba con el "Sindi Sud", aquel hotelucho limpio y
familiar que otrora había conocido.
Hacia
días había hablado con Abdul y había quedado muy claro que una de
esas
habitaciones
nuevas estaban reservada para mí.
Había
acabado el Ramadan y la fiesta loca había comenzado. Marrakech ardía.
La
caminata hasta la plaza “Jame El Fnna” fue con paso ansioso. El
bolso colgado en cruz me ardía en los hombros. Mares de gente iban de
un lado para otro. Mohamed V se había transformado en un río
embravecido de cabezas que no paraba de fluir, hacia la ciudad nueva y
hacia la vieja, como dudando, como buscando el
tubo directo a la felicidad, el agujero divino.
Cuando
Abderrahim me dijo, en la recepción del hotel, que no quedaban
habitaciones libres, que me esperaban mañana y no esa noche, la cara
se me deformó. Un tembleque me rasguñó desde la nuca hasta los
talones. Me rebotan una y otra vez en anagrama las mismas palabras:
Dormir, morir –D, ducha,
chau -D, ducha,dormir. Abderra me dejó un momento solo mirando
fijamente a los vendedores de chocolate. Algunos guiris entraban y salían
del hotel. Por suerte, al menos, no molestaba. Pasaron algunos minutos
y Abderra apareció con una tetera y su religioso té de menta. Una
voz en francés me repetía que no había ningún problema, que seguro
que encontraríamos algún sitio, si el listón lo dejaba yo colocado
bajo, muy bajo.
Y
así fue. El calor del té, la energía de la menta, el animo del
viajero. Pisotee la derrota y termine instalado en el
"couloir", en uno de los sofá cubierto apenas por el techo,
desde donde se veía un cielo hermoso y estrellado. La luna iba a
reventar. Después vino el placer. Primero en chorros de agua caliente
y cucharadas de jabón. La cuchilla arrancando los pelos de la barba,
el desodorante estrujándose contra las axilas. La noche había
comenzado para mi y la costra de
barro que me cubría se iba yendo por el agujero de la ducha.
En unos momentos ya me encontraba en casa, en ese hermoso hotel, en el
casco antiguo de la ciudad. Y vinieron los saludos, las Fatimas y los
niños y el viaje taciturno a la Plaza a tomarme un buen plato de
lentejas y unos caracoles bien picantes. Viejos conocidos aparecieron
entre mesa y mesa, como una mezcla de buitres y palomas de la paz. Fue
una noche hermosa. Volver a casa. Tirado en el sofá, mirando las
estrellas, preparado un colchón para taparme la cara haciendo
diagonal contra la pared una vez que decidiese entregarme a los brazos
de Orfeo y de sus ninfas.
Mire
las estrellas una vez y otra vez y me acordaba de Hammou y de sus
exquisitas explicaciones sobre la constelación de Orión y el perro y
el conejo y los carros. Pensé en mi otra casa, a algunos miles de kilómetros.
Toda oscura, con las persianas bajas, el ordenador cubierto por una
sabana, el olor de las tuberías subiendo por los agujeros destapados
de la bañera, el polvo golpeando contra las ventanas y buscando
agujerillos para entrar. Mi otra casa que ya no era mi casa. Por un
momento me sentí un viajero y no un turista, a lo The Sheltering sky.
No extrañe mi hogar y preferí mil veces la soledad del viaje, la
incertidumbre del mañana, la curiosidad saltándoseme de los ojos en
forma de lágrimas.
***********
Año
2004 - Sueño de viajar a Trives buscando sus raíces.por
Alicia Alvarez
"No había
más que marcar la ruta en el mapa. Esto harían en
su cartografía imaginaria cuando partieron para América".
El recorrido entre Vigo y Orense llevaría un par de horas
de autobús.
La ría dejaba ver en sus aguas las viejas bateas mejilloneras
emergiendo como mosaicos, esparcidas bajo el gran puente de Rande,
compañeras casi sin saberlo, de tesoros sumergidos de antiguos
galeones piratas que allí abajo en sus basamentos se esconden.
Los pescadores aquí buscando un nuevo tesoro, una esperanza
devastada meses antes por otros piratas que con su moderno barco
el "Prestige", contaminaron de petróleo aquel mar,
la fuente más importante de su riqueza. Ahí otra vez
en su lucha cotidiana, recomponiendo la pena, limpiando las aguas.
Volviendo a empezar.
Mientras esperaba, para continuar con la segunda etapa del trayecto,
buscaba en una tienda, postales con alguna imagen de la Puebla.
Encontré varias y compré todas. También una
muñequita gallega muy graciosa que luego le regalé
a mi madre y la contentó tanto como el relicario de Compostela
que le llevé también. Había ansiedad por conocer
esos lugares. Cada detalle me haría pensar en lo que ellos,
los que se fueron, habían dejado atrás sin regresar.
Al salir de Orense nos adentramos en zonas boscosas de pinos y eucaliptos,
matizadas por pequeños huertos, en medio de caseríos
de piedra que por su soledad parecían deshabitados.
Así por largo rato el paisaje se repetía entre curva
y contra curva del camino. Lo alteraba una cascada, luego el río
cortando un gran valle, o en las cumbres montañosas una cadena
de blancos molinos marcando el ritmo de energías alternativas.
En septiembre todo tenía un color y un olor muy vegetal.
Los árboles parecían agradecer la llegada del otoño,
después del tórrido verano de más de cuarenta
grados soportado.
La expectativa iba en aumento. Le pregunto al chofer si falta mucho,
si conoce la Calle del Centro. Me dice que no, que sólo entra
en Trives en su recorrido habitual, no conoce el pueblo, pero que
seguramente la encuentro pronto, que todo está cerca. Y que
me fije cuando entramos por su calle principal.
Llega al fin, para en la plaza, frente a la iglesia y al ayuntamiento.
Se cruza una mujer a la que le pregunto por la farmacia, me indica
aquí nomás. Y allí me dirijo mirando las fachadas
de las casas, tratando de percibir risas infantiles abandonadas
en algún rinconcito de esas calles.
Y allí al lado de la cruz verde, plasmado en el tiempo un
apellido familiar. Entro. Me atiende un joven de unos treinta y
pico. Le digo que no vengo a comprar nada me mira un poco extrañado.
Estoy de visita en el pueblo le digo y que quería ubicar
la casa de doña Remedios e Isabel, unas parientas viejitas
que creo viven por aquí, en la calle del Centro. Ayer hablé
con ellas por teléfono, las ubiqué por la guía.
Me dijeron que me esperan.
Más extrañado aún con lo que le contaba, pensaría:
pero a esta tía que le pasa, por qué me pregunta estas
cosas a mí.
- Mira - pregunté, ¿no te han dicho nada?
- No, de qué? Que yo vendría hoy por aquí.
- No. Nada.
- Pues te mostraré algo. Tengo aquí unas fotos un
poco amarillas pero auténticas. Fotos de familia, que muestran
cuan chiquito era mi padre, cuando lo llevaron a la Argentina, de
donde vengo. Tenía sólo cinco años aquí
está él, lo ves? con sus rizos dorados tan graciosos
y aquí en esta otra con su padre y su madre. Ella la de la
foto era la hermana de tu abuelo.
Me miró
con sorpresa
.
- Así que tu entonces
- Si es así somos primos, lejanos pero primos al fin. Casi
nos quedamos sin palabras, nos dimos un abrazo y un beso en la mejilla,
y entre risas le mostraba otras fotos familiares.
- Le dije - he venido a conocerlos, a caminar sus calles, las que
alguna vez recorrió aquel niñito de la mano de su
abuelo, las que nunca conocería ya. A ver su río y
esas montañas que el abuelo atravesaba espantando lobos.
A oler su aire, a respirar sus flores. A encontrarme con mis raíces.
A aprender a sentirlos como parte de mi vida que nunca dejaron de
ser. A buscar en la piedra alguna señal grabada. A reconocer
en ese cielo las estrellas que mi padre me enseñó
a mirar siendo niña, cuando en las noches de verano, nos
recostábamos en nuestras hamacas de madera, a mirar el firmamento
desde el patio de casa y soñábamos con otros mundos
posibles, con viajar a descubrirlos
Había
viajado toda la mañana y quería descansar, así
que quedamos con mi primo Luis en encontrarnos más tarde
para almorzar. Le pedí referencias de un hostal. Yo llevaba
apuntada tres direcciones, pero él me sugirió el de
un amigo, que quedaba justo al lado de la farmacia y como de amigos
se trataba me pareció bien la sugerencia y allí fui.
También le pedí que me indique como llegar a un lugar
que estaba ansiosa por conocer: la casa donde había nacido
mi padre. Quería imaginarme cómo hubiera vivido un
chico entre esas paredes, en ese entorno. Cómo hubiera sido
mi infancia si todo se hubiese quedado en el lugar, si mis abuelos
no hubieran emigrado a América, como tantos gallegos lo habían
hecho sin regresar.
Caminé en dirección a su calle empedrada. La calle
del reloj, un antiguo carillón que impiadosamente marcaba
el paso de las horas con sus campanadas. Alguna vez habrían
jugado niños en esa plazoleta, ahora vacía.
Llegué a la puerta de aquella casa. Yo me imaginaba algo
más rústico de acuerdo al relato de mi padre. Pero
claro, los años habían pasado y ya no pertenecía
a la familia. Su actual dueño la había convertido
en un cómodo hotel de turismo y la reforma que había
sufrido le alteró parte de su fachada y su interior. Ya no
estaba el patio lleno de plantas, las habitaciones principales habían
cambiado, también la cocina, la sala, en fin que la escalera
sí era la original de la casa y las paredes medianeras y
balcones también, según contaba mi primo Luis. Las
ventanas del fondo dejaban ver los cerros circundantes. Al frente,
al asomarme al balcón veía hacia mi izquierda la plazoleta
del reloj y del otro lado calle abajo se observaba una línea
de casas parecidas entre sí con sus frentes de piedra y balcones
adornados por azaleas y malvones. Que curioso que ese hotel era
uno de los tres que había apuntado en mi libreta, antes de
llegar al pueblo, como posible hospedaje. Nunca me podía
haber imaginado que esa fuera la casa de la familia.
Esa casa tenía historia de nacimientos. Mi padre, el padre
de Luis. Luego llegó la gente de mi generación: Victoria,
la mayor de cuatro hermanos, Ángel, Juan y Luis el menor
de todos. Ninguno de ellos vivían ya en el pueblo. Se habían
ido a estudiar a la Universidad en Madrid, y luego a hacer sus vidas
en distintas ciudades españolas. Salvo Luis que como farmacéutico
en tercera generación de esa profesión, se quedó
para continuar con el negocio heredado de su padre, que había
fallecido hacía un año, a pocos meses de mi padre.
La joven que nos mostró el hotel me comentaba que setiembre
no es un mes de temporada, que por ello había poca gente
en el pueblo, que se caracteriza por tener muchos visitantes de
turismo rural sobre todo en sus veranos. Aunque hay quienes prefieren
llegar con los fríos de enero por la cercanía de la
Estación Invernal de montaña de Manzaneda y practicar
deportes de nieve en sus canchas de sky, únicas de la Comarca
gallega. Otros vendrían con afición por la gastronomía
buscando productos locales como los corderos y cabritos, que gozan
de reconocida fama, o irían a la fiesta de San Blas, patrón
de la parroquia del pueblo, a festejar la Fiesta del Chorizo y a
degustar sabrosos jamones de elaboración casera.
Tuve la suerte de darle esos gustos al paladar, en lo de Lola, una
prima lejana de mi padre que muy gentilmente nos invitó a
conocer su casa y donde probamos esos fiambres caseros acompañados
de un fresco vino blanco de sabor frutal, también hecho en
casa y de postre la Bica, un famoso dulce de Terra de Trives y que
tiene su propia Fiesta con comida campestre el último domingo
de julio, en la estación de montaña y en la que se
reparte este postre entre los asistentes.
Caminé unas cuadras hasta el río. Se veía solo
un fino hilo de agua, hacía tiempo que no llovía y
se notaba la sequedad en las huertas linderas donde crecían
hortalizas a la par de árboles frutales y vides. En el camino
probé uvas blancas muy dulces y riquísimas hurtadas
de una quinta. Todo tenía sabor a nostalgia de cosas que
me contaba la abuela cuando iba a lavar la ropa a ese río,
o cuando juntaba castañas para azar. Historias que escuchaba
siendo muy niña y que dimensionaba como salidas de un libro
de cuentos pero que ahora tomaban forma de cosas reales no menos
fantasiosas y hermosas todas ellas en su simpleza.
Relieves montañosos rodeando la comarca por donde la vista
se paseara.
Todo estaba cuidado y ordenado. El pueblo limpio, silencioso a tal
punto que parecía vacío de gentes en sus casas. Los
registros decían 6000 habitantes. Es que era la hora de la
siesta, sería eso lo que impedía ver a sus gentes
en las calles, pensé.
Algunos estarían ocupados en sus tareas rurales, la crianza
de ovejas, cabras y porcinos, como en antaño. Esas actividades
no han cambiado mucho. Además el turismo lleva mucha actividad
al pueblo. Se practica senderismo, montañismo y deportes
náuticos en los ríos cercanos, el Sil, el Miño
y el Bibei, afluente del Navea.
Por esos ríos mi primo Luis navega en su piragua, alucinando
rituales de indios salvajes, disfrutando de la naturaleza, del paisaje,
de un chispazo de niñez escondida en su embarcación.
Quien pudiera
.
Con mi primo quedamos en encontrarnos para almorzar, a las dos de
la tarde, en el hostal. Comimos y bebimos para festejar ese encuentro
y me dijo, tú te vienes para casa, que eres de la familia,
nada de hostal, y recogió mis cosas y nos fuimos.
Le dije que me quedaría solo una noche, mi viaje era relámpago,
tenía que estar en dos días en Madrid para asistir
a una boda, otro compromiso de familia.
Todo era un poco extraño pero familiar a la vez.
Tomamos una copa, e intercambiamos charlas. Busque en mi bolso unas
piedras que había traído, con una finalidad. Piedras
de cuarzo y granito que a mi padre le gustaba juntar de los lugares
de argentina que visitaba. A cambio me llevé piedras de su
pueblo, sacadas de esos muros, de su calle de Trives. Intercambio
de piedras por otras piedras. Alguna vez había soñado
ese sueño
18/03/2005
EN BICICLETA DESDE MAR DEL PLATA A
GENERAL MADARIAGA
por
Ana Maria Ordoñez
Con el ciclismo se logra eficacia en el pedaleo, elección
de buen ritmo, descubrimiento del propio cuerpo, alegría
en los kilómetros que se dejan atrás, esfuerzo voluntario,
que se convierten de pronto en un goce
Eso es el cicloturismo,
un juego al alcance de todos, sobre una bicicleta que permite andar
por lugares impensables.
Existen seres a quienes el temor a lo desconocido o el miedo, no
los paraliza y siguen soñando en recorrer caminos y senderos
del mundo
no solamente caminando, sino también en bicicleta.
El intelectual francés Paul Virilio en su libro "Ville
panique" muy de moda en la actualidad, dice: "el miedo
es el tema principal de la sociedad". Pero esta afirmación
no la comparten los Crotos.
Ya realizaron otros recorridos, pero desde hace tiempo, quedaba
pendiente un viaje: Mar del Plata - General Madariaga por caminos
principalmente de tierra. "Conocer caminos, vivirlos, transitarlos,
es conocer un cúmulo de vivencias y en definitiva, amar la
historia y la cultura" dijeron.
Se adhirieron al proyecto Pedro Ribeiro, Pepe Sieira, Humberto Maffioni
y Ana Maria Ordoñez.
.

Salieron el viernes 18 de Marzo de 2005, a las 8 horas
en sus bicicletas, atiborradas prolijamente de mochilas, alforjas,
carpas, bolsas de dormir, cantimploras, alimentos, repuestos, herramientas,
etc. Con alegría y bastante viento a favor, tomaron por la
ruta nacional 2, y comenzaron a vivir parte de su propia historia.
Al pasar por la Avenida Constitución, en su intersección
con la ruta mencionada ingresaron a la estación de servicio
de una multinacional allí instalada, no para cargar el combustible
encarecido compulsivamente, sino para utilizar gratuitamente el aire
para las cámaras de las bicicletas y los sanitarios. Pasaron
por "Estación Cobo", inaugurada en 1889, tres años
después que el tren llegara a Mar del Plata y luego por la
Estancia La Armonía que en 1826 fuera otorgada oficialmente
por el gobierno de turno, a Pedro de Alcantara Capdevila, que después
de varias subdivisiones y pasar por distintos propietarios, el casco
y 370 Ha fueron subastadas. El bien fue adquirido por la Fundación
Cultural Argentina, creada por el clérigo Luis Maria Etcheverry
Boneo, para desarrollar actividades supuestamente culturales y educativas.
En esta oportunidad los ciclistas no cruzaron la rústica tranquera,
porque el lugar ya les era conocido y continuaron hacia Vivoratá.
Llegaron a las 11 horas logrando un promedio de 18,6 por km.
Junto al cartel con el nombre del lugar, que lucía más
brillante que nunca, los mates, frutas y la infaltable granola hicieron
de la primera parada un descanso ameno. Continuaron hacia Cnel. Vidal
por caminos de tierra: "cada rincón de estos lugares envuelven
con su aroma", dijeron.

6 km antes de llegar a Cnel. Vidal, está la
Estancia "La Cautiva". Su construcción es un modelo
neoclásico de la arquitectura italiana del siglo pasado.
Dicen que para levantar las paredes se utilizaron ladrillos de barro
cocidos en la propia estancia y para las ventanas, se trajo madera
de Europa con rejas de hierro forjado artísticamente. Cuenta
con un bellísimo parque y con especies arbóreas perennes
y caducas. Por más de cien años dedicada a la agricultura
y la ganadería, en la actualidad produjo una apertura al
plano turístico.
A las 14 horas llegaron a Cnel. Vidal. Recorrieron la ciudad, en
particular las antiguas construcciones de "La Rinconada",
plaza, municipio y posteriormente estuvieron en lo que fuera el
casco de la Estancia Los Aromos ubicada a un kilómetro del
túnel que pasa debajo de la Ruta Nacional Nro. 2 a la altura
del Km. 342 La tarde se fue transformando mientras tomaban mate
en y en tanto los visitantes utilizaron la imaginación para
reconstruir el lugar en el pasado, que hoy silenciosamente, queda
como mudo testigo de una época.

Cenaron como si fuese su última vez en el establecimiento
"La Rueda" del conocido "Pita" Mendoza, Ana Maria
se fue a dormir, no los acompañó en el banquete.
A las 8 horas del día siguiente, partieron hacia la Esquina
de Argúas, a 17 km de Coronel Vidal, sobre el viejo camino
de tierra que la une a la Estancia El Durazno . Es la única
y última esquina tradicional que queda en el Partido de Mar
Chiquita. Las "Pulperías" eran comercios rurales
llamados almacenes de "ramos generales", diseminados en
la antigua campaña y abiertos estratégicamente sobre
las rutas de carretas y galeras o sobre caminos cruzados. Con la llegada
del ferrocarril, a medida que se formaron los pueblos, las esquinas
fueron desapareciendo paulatinamente. La "Esquina de Arguas"
fue posta obligada en el camino que unía Maipú con Laguna
de Los Padres, siendo el paso de contacto para llegar a Mar del Plata.
Su construcción es del Siglo XIX y dicen que por allí
paso el Dr. Dardo Rocha y José Hernández y seguramente
inspiró a Abel Fleury para componer su célebre "Fortín
Kanquel" Actualmente está ubicada dentro del campo correspondiente
a "Tierra Fiel" propiedad de Miguel Saubidet Payró,
descendientes de la familia Ezeyza. Todo esto lo cuenta Don Santiago
Leonel Dabos baquiano, tractorista y arrendador que no retaceó
su tiempo para acompañar a los ciclistas que estaban junto
al palenque de la Pulpería, ávidos de conocer la historia
no escrita del lugar. Don Santiago contó también que
por esos pagos se realizaron las reuniones preliminares de la fracasada
Revolución "Los libres del Sur". El gaucho se lamentaba
de no brindar más tiempo pero los alentó a continuar
esperando al encargado de La Esquina. Parecía estar muy cómodo
en su relación con el medio; sin dudas prefiere y disfruta
desde su infancia los límites del campo ahora coloreados por
la paleta del otoño.
La blanca perrita elevó sus orejas, Don Daniel Montenegro encargado
del lugar llegaba en su viejo Citroen. Abrió la pulpería
y en su interior hay una placa otorgada el 11 de Diciembre de 1992
en oportunidad de ser declarada la Esquina como Patrimonio Cultural
del Partido de Mar Chiquita. Paredes de barro y gran parte de las
rejas son originales y aunque luce carteles de actualidad para la
decoración y pisos algo actuales, el entorno hace recordar
una época ya casi olvidada.

La "Esquina de Arguas" fue posta obligada
en el camino que unía Maipú con Laguna de Los Padres,
siendo el paso de contacto para llegar a Mar del Plata. Su construcción
es del Siglo XIX y dicen que por allí paso el Dr. Dardo Rocha
y José Hernandez. Actualmente está ubicada dentro del
campo correspondiente a "Tierra Fiel" propiedad de Miguel
Saubidet Payró, descendientes de la familia Ezeyza. Todo esto
lo cuenta Don Santiago Leonel Dabos baquiano, tractorista y arrendador
que no retaceó parte de su tiempo para acompañar a los
ciclistas que estaban junto al palenque de la Pulpería y ávidos
de conocer la historia no escrita del lugar. Don Santiago contó
también que por esos pagos se realizaron las reuniones preliminares
de "Los libres del Sur". El gaucho se lamentaba de no brindar
más tiempo pero los alentó a continuar esperando al
encargado de La Esquina. Parecía estar muy cómodo en
su relación con el medio; sin dudas prefiere y disfruta desde
su infancia los límites del campo ahora coloreados por la paleta
del otoño.
La blanca perrita elevó sus orejas, Don Daniel Montenegro encargado
del lugar llegaba en su viejo Citroen. Abrió la pulpería
y en su interior hay una placa otorgada el 11 de Diciembre de 1992
en oportunidad de ser declarada la Esquina como Patrimonio Cultural
del Partido de Mar Chiquita. Paredes de barro y gran parte de las
rejas son originales y aunque luce carteles de actualidad para la
decoración y pisos algo actuales, el entorno hace recordar
una época ya casi olvidada.
Los ciclistas continuaron, pasaron por la Estancia "La Juliana",
"El Durazno", una de las estancias mas antiguas del Partido,
Canal 5, Estancia San Silverio, 1ro. De Mayo, entre otras, hasta llegar
al Puente de Hierro, donde hicieron otro descanso. Los jejenes, abundantes
en la zona, marcaban constantemente su territorio, pero no fue motivo
para continuar con la "granola", frutas y contemplar el
paisaje más de media hora.. Retomaron la marcha y tras una
pinchadura pasaron por las Estancias San José, San Gabriel,
Las Marías, El Mirador, Estancia Sta. Ana, La Pastora, La Victoria
y hasta llegar a Macedo. Ya habían recorrido 182 km
Visitaron el Manzanar de Macedo, lugar donde actualmente se cultiva
la fruta kiwi para exporta a distintos países del mundo. Los
encargados Daniel como Don Santiago Avalos (un gaucho Correntino)
tuvieron la gentileza de mostrar las plantaciones, explicaron el proceso
de producción y sugirieron un mayor consumo de esta fruta por
su alta y excepcional calidad. Recalcaron que es una excelente fuente
de muchos nutrientes, necesarios para una buena salud y que se puede
encontrar desde mayo a diciembre en el mercado argentino.

En el Almacén, doña Isabel propietaria del lugar
desde hace cuatro años, ofreció sabrosos fideos
amasados a los visitantes.
Levantaron campamento. Un camino pesado por la tierra suelta esperaba
a los ciclistas que no se dejaron amilanar por el viento del noroeste
que ya soplaba fuerte. La lluvia amenazaba. Envueltos en nubes
de tierra llegaron a La Estación Juancho, remodelada, pintada
y con Martín, domador oriundo de Cañuelas que no
escatimó atenciones: agua caliente para el mate, salamines
fabricados en Cañuelas y pan para la picada. Se respiraba
paz entre la tierra que levantaban los autos que pasaban por el
camino y la fuerza del viento que crecía. Los caballos
compartían la merienda.
Llegaron a la ciudad de General Madariaga después de remontar
los 48 Km desde la salida de Macedo, a un promedio de 12,6 km
por hora, que no pudieron superar por el fuerte viento. La ciudad
estaba dormida, domingo nublado. Compartió la alegría,
el amigo ciclista Julio Cesar Palavecino, que los estaba esperando.
Los Crotos, mientras almorzaban en el restaurante "El Molino",
comentaron que esta forma de andar caminos logra una relación
diferente con los lugares que pasan, porque además de poner
sus propios cuerpos a la aventura, se mezclan con la naturaleza,
conocen accidentes geográficos, historias y costumbres,
en un constante descubrimiento.
El asombro es permanente en cada Croto y este proyecto no fue
la excepción.
AL MARGEN
DE LA NOTICIA
Generalmente un viaje comienza acompañado por mapas y planos
del lugar que se piensa visitar. Iniciado el viaje, uno se orienta
por carteles, que debieran estar colocados en los principales hitos
de los caminos. Pero
en la Provincia de Buenos Aires, pareciera
que nada de ello es posible desde hace muchos años.
En vano solicitamos información de caminos vecinales y los
planos logrados están completamente desactualizados por no
haber sido relevados. En la Dirección de Turismo de la Provincia
se carece de material de información y utilizan solamente el
material suministrado por los Municipios.
No obstante las dificultades los Crotos Libres se largaron a transitar
esos caminos. Los carteles indicadores, están a la vista


POR ESPAÑA
De Alicia Alvarez 12 de Abril de 2005
Yo por aquí descubriendo lugares. Hoy fui por la mañana
a visitar el Museo de Bellas Artes de Valencia, (obras de Velazquez,
El Greco, Murillo, Jose Rivera Goya, van Dyck, y pintores locales
de los años 1600 en adelante. También esculturas y
restos de la antigua civilización ibérica y romana.
Me fui en bici, ya que queda a 10 minutos de casa, siguiendo el
curso seco del río Turia, que es un parque de más
de 10 km de extensión parquizado y con sitios de recreación
y deportes al aire libre. Un verdadero paseo para la mente y el
cuerpo en esta ciudad tan linda donde hay mucho por ver. Ya conocí
la playa Malvarosa, muy extensa 6 km cuyo nombre se debe a sus atardeceres
en que el cielo se pone de esos colores. Su arena es blanca, el
Mediterráneo está frío aún, mañana
nos iremos a pasar el fin de, a Castellón provincia vecina
de lindos bosques y playas invitadas por unas amigas de Victoria.
El fin de semana pasado estuvimos en Sevilla, preciosa en primavera,
huele a azahares de naranjo y sus parques con miles de flores y
paseos perfumados de jazmines, retamas, rosas, glicinas, en fin
un pequeño paraíso. También fui a ver una corrida
de toros al la Maestransa, no soy partidaria de esa faena pero no
dejó de ser un tema interesante y multicolor que quería
conocer.
Realizamos un viaje de 4 días a Estambul, en semana santa,
huyendo de la curia local, Fue un viaje maravilloso, recorrimos
el Bósforo hasta el mar Negro , vimos la Mezquita Azul, palacios,
probamos comidas raras, fuimos al Gran Bazar donde el regateo es
casi una obligación en la compra, hay más de 4000
negocios allí, te mareas, salimos en media hora y al día
siguiente volvimos, gente por todos lados, como hormigas, una ciudad
fascinante pero que cansa un poco, ya contaré más.
Los quiero. Saludos de Victoria que los quiere conocer por las cosas
que le cuento de lo bien que lo pasamos con ustedes. Alicia.
Proximamente:
|