AGRUPACIÓN DE CROTOS LIBRES

Diario La Nación

Diario La Capital

Opinión Esc.Hugo Nario

Guillermo Ravaschino

Opinion de Othon Lara

de Julio Alfonso

 

Actualización permanente  

OPINIONES

Diario La Nación (Argentina    25 de Setiembre de 1996)  

 

Los Crotos comparten junto al mar su alergia al trabajo

 

 

 

MAR DEL PLATA.- “No tenemos ni presidente ni secretario ni estructuras con nombres raros. Somos solamente hombres libres que nos reunimos para estrechar lazos, conocernos y despedirnos con una ranchada bajo las estrellas”.

Así, con sencillez, define Carlos Luna (a) Tango, a la Primera Cumbre de Crotos que se está desarrollando en esta ciudad desde el lunes a la noche.

Y las palabras de Tango son suscriptas sin pudores por sus colegas Américo Casco, (a) Diogenes y Norberto Tognetti, (a) Lechuza, quienes como él, llegaron al balneario desde La Plata hace muy pocas horas.

“Venimos a rescatar el derecho a seguir pensando que la libertad es posible y que una manera de vivirla en plenitud es recorriendo los caminos sin horarios ni presiones de este mundo cada vez más opresivo”, apunta Diógenes desde sus lozanos 83 años.

Y este espíritu es el que rodea a esta inédita cumbre, que se va poblando de viajeros de a poco, porque muchos todavía vienen caminando,  asegura Lechuza.

Filosofía crota

 Lo cierto es que ya son más de 200 los crotos arribados a Mar del Plata dispuestos a reafirmar el lema propuesto por los organizadores del encuentro, la Agrupación de Crotos Libres: “Libertad, derecho supremo del hombre”.

Lo único que espero es que la ranchada de despedida no sea tan pobre como la que armamos en Bahía Blanca, allá por el año30, donde el pan, algunos fideos y el agua eran los ingredientes de un menú repetido hasta el cansancio”  se ilusiona Diógenes.

El hombre, un veterano de huellas y vías “no tan muertas como las de estos días” , recuerda aquellos años  con nostalgia indisimulable, aunque las penurias que acompañan  a la falta de trabajo “son muy parecidas a las de estos tiempo”, se lamenta.

No obstante, y tal como puntualizan los participantes del encuentro, “el optimismo es uno de los pilares de la filosofía crota y la amistad ayuda a sobrellevar cualquier contratiempo.

Esa amistad y las ansias por compartir aunque sea unas pocas jornadas son las responsables de que esta iniciativa sea una realidad bajo el cielo marplatense, más allá de que muchas de las actividades previstas se realicen en el interior de varias salas de la ciudad.

Actividades para todo gusto

            En efecto, el programa de la Cumbre de Crotos incluye charlas, proyección de películas, debates, suelta de palomas y, por supuesto, caminatas a cualquier parte por las vías y caminos aledaños; incluso está prevista la visita del actual presidente de la Sociedad Rural Argentina, Enrique Crotto, sobrino nieto de aquel gobernador bonaerense que autorizó, allá por el año20, a viajar gratis en los trenes de carga a los golondrinas que se ocupaban de las cosechas y zafras en la provincia.

Hoy, los herederos de aquellos bohemios personajes se reúnen por primera vez junto al mar con las mismas ilusiones, aunque el mundo “siga siendo la jaula” que atormentaba al mítico Francés,  figura omnipresente en las anécdotas de  José Américo “ Bepo”  Ghezzi.

 

DIARIO ‘LA CAPITAL’ de Mar del Plata  29 de Setiembre de 1996  (Página 16)

          

      

CROTOS 

 

COMO ESCAPAR DEL PODER Y DEL PATRON 

 

 Finaliza el singular encuentro que

reunió por una semana a los “crotos” de

todo el país en nuestra ciudad. La prensa

mundial siguió con interés el curso de

sus deliberaciones.

 

            Los crotos de nuestros días, con la mente abierta a los acontecimientos que marcan cambios de rumbos, no ya solo por la vía de los trenes, sino en todo lo que hace al diario vivir, se reunieron en una verdadera comunión de ideales para analizar, jornada tras jornada y de la mano de especialistas de distintos tópicos, un variado menú de temas que hacen a la problemática social.

Organizado por la Agrupación de Crotos Libres de Mar del Plata, la “Cumbre” que contó con la presencia y participantes de amantes de ese quehacer llegados de distintas provincias y del exterior analizaron con profundidad asuntos relacionados con su filosofía. El anticonsumismo, la alimentación austera, fisiología del caminante, bioética de la libertad, trueque y distribución de los sueños de vida, fueron alguno de los temas.

Su desarrollo

        Como todo encuentro que pretende bucear en lo vivido para entender mejor cómo transitar el presente, en sus deliberaciones, -como custodios de buena conducta - los crotos antiguos, (los monarcas) los de las vías, los de las ranchadas con códigos secretos, los que con su idioma hermético desorientaban la curiosidad de los profanos, estaban presentes. De allí que junto a Héctor Marano de impecable traje y corbata explicando la posibilidad de una vuelta al trueque con la ayuda de Internet, la figura casi mítica de Martín Finamori con sus 89 años de vida a cuestas, analizaba casi tercamente, las ventajas de “salirse del sistema y empezar a tener dinero en el bolsillo en lugar de un capital acumulado”.

            En el mismo instante el Contador La Rosa y el colega Kostinger pasaban del análisis de la educación cooperativa, a la demostración que el gran secreto universal es “El robo del tiempo”, don Héctor Woollands, casi anónimo en su silla de una de las últimas filas de una platea siempre nutrida, pensaría en su tiempo de trashumante, buceador de horizontes en los techos de los trenes, con la libertad como bandera y el hambre y el frío como moneda de cambio.

            Anteriormente “Don Héctor” había disertado sobre “Libres y Crotos”  haciendo una emocionada exposición de experiencias personales y relatando los orígenes de los amantes de este tipo de vida.

Hubo quienes, como el Profesor Horacio Zabala, desde su disertación académica sobre la relación y la influencia de los libros en la vida crotil, como en secreto, haciendo a la audiencia cómplice de su confesión, memoró en voz baja que “alguna vez había croteado” . En su charla Zabala reseñó el vagabundeo de personajes como San Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, y otros que, rescatador por la literatura, dieron testimonio de su particular forma de protagonizar el concierto de la vida.

            Un panel integrado por los profesores Eugenio Rosalini y Mario Alonso, el Escritor Hugo Nario y el Contador Angel Mateo coronó las deliberaciones con reflexiones acerca de la filosofía crota, el anticonsumismo, sueños de vida y derecho al ocio. Todo transcurrió bajo la sutil y casi desapercibida supervisión de Ana María Ordóñez, secundada por Pedro Ribeiro, el otro referente de la Agrupación.

A partir de mañana

            Tal como Hugo Nario relata en su libro “Vida secreta de un linyera”  cuando Bepo se despidió del “Francés”  mañana cada cual volverá a su lugar de origen. Será un regreso rico en experiencias, esperanzado en la creencia íntima de que hay otro camino. Quizá en alguna ranchada improvisada en alguna vía muerta, relatarán a sus amigos  lo acontecido, tal como antaño lo hacían  los viejos libertarios a través de sus publicaciones, semiclandestinas a lo largo y a lo ancho de este país tan cambiante. Lo cierto es que la Cumbre de Crotos, realizada en Mar del Plata se ha transformado en una suerte de bisagra para sus participantes. Hay un antes y un después en el concepto internacional, con relación a estos personajes que durante una semana deliberaron bajo el lema “Libertad, derecho supremo del hombre”.

            Por esas coincidencias que suelen darse, el único antecedente que se conoce en este tipo de encuentros fue el realizado en la ciudad alemana de Stuttgart hace ya un tiempo. Reunió a caminantes y vagabundos de toda Europa, duró tres días y se proclamó por unanimidad la “Huelga general para toda la vida” . En el curso de estas deliberaciones, un paro general  movilizó al país por 36 horas. Las jornadas sin embargo siguieron. Los crotos comentaban: “Por ahora la gente hace paros porque no le alcanza la plata para comer, si hacemos la vista gorda a la contaminación de los mares y ríos, si continuamos exterminando la flora y la fauna, si talamos los bosques sin reemplazar lo utilizado, de qué va servir la plata que se consiga con los paros si no vamos a tener en la tierra nada para comprar, nada para comer, nada para tomar?

 

FRASES DE  “LA SEMANA CROTA” 

 

Confiar en la vía, liberarme de la desesperación, del apuro, del miedo. La vía me daba comida, abrigo, compañía, camino.  Mientras estuviera en la vía no tendría que volver a la civilización. Era como si ella me cuidara siempre, hasta cuando yo dormía” . Bepo Ghezzi

 

“Le digo a mis amigos que no tiene importancia, pero parece que no es así, el haber croteado es algo que se ha revalorizado. Algo esta pasando” Héctor Woollands

 

“Caminar por caminar, no correr porque te corren poderes, hambre, patrón” Pedro Ribeiro

 

“Contra la alienación del trabajo, el croto oponía la de trabajar lo indispensable para seguir su andar. Del mismo modo que el hombre de la selva toma de la naturaleza sólo lo que necesita para sobrevivir”. “Nada está tan lleno de sugerencias y misterios como el silencio. En el mundo de los crotos se vivía el silencio” Hugo Nario

 

“Si tus zapatos repican., saltan se mueven, deja todo y súbete a ellos” Mario Alonso

 

“Todo eso es una utopía y lo que hay que hacer con las utopías es concretarlas” Angel Mateo

 

“Nos estamos olvidando de darnos tiempo para recrear nuestra condición de seres humanos y re-aprender diariamente el misterio de disfrutar el don de la vida”. Ana María Ordóñez

 

“Los anarquistas no creemos en los políticos.. Creo que Jesús fue el primer anarquista, claro que si hoy existiera alguien como El, también lo crucificarían y lo tirarían desde un avión. Martín Finamori

 

“Los chicos, otrora consumidores de tiempo para solaz y esparcimiento, hoy soportan las cargas de estudiar inglés, hacer deportes indeseados y desentrañar los misterios de la computación. Toda una infamia para formar nuevos adultos que no consumirán su propio tiempo” . Jorge L. Kostinger

 

 

Opinión de Hugo Nario

 

Escritor, autor del libro "BEPO- Vida secreta de un linyera". Lleva cuatro ediciones, la última  en Adhesión a la Cumbre Internacional de Crotos. Periodista, docente e investigador social. Se encuentran entre sus obras: Tata Dios, Los Crímenes de Tandil, Mesias y Bandoleros Pampeanos (Premio Fondo Nacional de las Artes 1993) Tandil, Historia abierta y Los Picapedreros.

 

Los crotos, el trabajo y lo peyorativo

            El imaginario popular y no la Academia de la Lengua, suele ser quien impone o rescate el metasentido de algunas palabras.

            Por eso, hasta hace poco, para muchos la voz  croto equivalía a sucio, desarrapado, despreciable, haragán. Su equivalente mas antiguo, apenas un poco mas romántico, era linyera.

            Tuve la suerte de conocer en 1976 a un hombre excepcional que durante 25 años había vivido “ croteando” por toda la República, sobre los techos de los trenes de carga. Hoy tiene 84 años. Se llama José Americio Ghezzi, todo el mundo lo conoce por Bepo. Cuando me contó su vida y le pregunté que buscaba al precio de la soledad, el frío y el miedo, me contestó sencilla y escuetamente: la libertad.

            A partir de mi primer trabajo “Los Crotos”  que apareció en 1980 en la Revista Todo es Historia, sus lectores comenzaron a ver las cosas con otro cristal, según el tenor de muchas cartas y consultas que a partir de entonces recibió su director Felix Luna. En 1983, el Centro Editor de América Latina, me pidió un trabajo sobre el mismo tema para su colección de fascículos “La Vida de nuestro pueblo”

“Contra la alienación del trabajo - escribí entonces  - el croto oponía la de trabajar lo indispensable para seguir su andar. Del mismo modo que el hombre de la selva toma de la naturaleza sólo lo que necesita, el croto usaba y vendía el mínimo de su fuerza de trabajo y solo cuando los recursos naturales se le habían acabado”

Desocupación y recolección de maíz

Esa fuerza de trabajo se vendía habitualmente en el triángulo maicero argentino, una vasta región que integraban el norte de Buenos Aires, el Sur de Córdoba y de Santa Fe, a donde convergían a partir de los últimos días de febrero de cada año miles de hombres sin ocupación permanente, Hasta 1960 el cultivo completo de una hectárea de maíz, requería un proceso de 98 horas hombre por año, ya que hubiera sido imposible hasta entonces mecanizar su recolección.

La  juntada de maíz o salir a tirar la maleta, fue la válvula que descomprimió la desocupación y subocupación crónica de la Argentina de los años 1920 y 1930 y a una parte de 1940. Respondía espontáneamente, sin ideólogos ni economistas que regularan sus relaciones desde el Estado, a los caracteres de la Argentina opulenta, “canasta de pan del mundo” con terratenientes ricos, chacareros pobres y desarraigados y una mano de obra flotante -los crotos braceros  - disponible para trocar la esperanza en cosecha. Mazorcas doradas de maíz, trigo copioso, pasturas suculentas se metabolizaban en alimentos no solo para los argentinos sino para muchos pueblos del mundo, cuando todavía no se teorizaba sobre una “globalización” que ya funcionaba con espontaneidad y equilibrio.

            De donde procedían esos braceros? De todo el país, pero sobre todo de los pueblitos rurales del territorio bonaerense, donde casi no había oportunidades laborales permanentes para nadie. Cuando finalizaba el verano, iban subiéndose a los trenes de carga que pasaban frente a las estaciones ferroviarias de sus respectivos poblados, docenas de jóvenes, aunque también lo hacían hombres maduros. Los primeros incitados por la aventura y el vagabundeo; los mayores por sus deberes con el hogar que habían establecido. Ambos porque necesitaban la oportunidad laboral que sus lugares de origen les negaba. En los tiempos de crisis, los pasajeros aumentaban y entre ellos solían ir comerciantes fundidos y trabajadores cesanteados. Era un mundo silencioso, discreto, sin preguntas, confidencias ni explicaciones.

Cuántos se creen que fueron los crotos

            El censo de 1947 dio 388 mil obreros rurales. La mayor parte de ellos debían trasladarse de un lugar a otro y habitualmente en los trenes cargueros - a lo croto -, hasta que el Gobernador radical José Camilo Croto,  habría blanqueado su pasaje para tiempos de cosecha a los que el uso extendió al año entero. “Suban hasta cuarenta. Ustedes viajan gratis por Crotto” se supone que les dirían los policías del ferrocarril. Y de este modo el nombre del benefactor se habría transferido a sus beneficiarios.

Revalorización social y conceptual del croto

En 1988 apareció la primera edición del libro BEPO, Vida secreta de un linyera fundado en los relatos de mi amigo Bepo Ghezzi. Antes de los tres meses debió aparecer la segunda edición. Desde entonces, solo o en compania de Bepo Ghezzi hemos disertado sobre el tema en Bibliotecas, Centro de Estudios, Ateneos, Museos y Universidades. En 1995 se estrenó la película Que Vivan los Crotos de la joven directora Ana Poliak, cuyo actor y principal protagonista fue el propio Bepo Ghezzi.

El combate ganaba un medio comunicacional nuevo y la gente terminó de comprender cuanto de humano y de idealista encerraba aquellas palabras que durante tantos años la gente había usado peyorativamente. Evaluó que no eran sucios ni rotosos, delincuentes ni haraganes, sino hombres que habían aceptado el único modo de trabajar que les permitía la sociedad y que en su practica aprendieron las bendiciones del andar libre, del cielo abierto, del sol y el olor de los pastizales, de la compañía y la solidaridad. El croto ya ingresó a la galería de los honorables de la sociedad argentina.

Y si algo necesitaba para culminar esta tarea de esclarecimiento, viene a ofrecerlo un grupo de entusiastas abanderados de las caminatas por la naturaleza, sin otro objeto que el aire libre, la compañía, las inefables voces  de los paisajes y el silencio. Ellos, los caminantes de Mar del Plata, de Tandil y de todo el país al autoconvocarse en esta “Cumbre Internacional”  han adoptado para sí, y creo que para siempre, el reivindicado apelativo de CROTO aun a riesgo de escandalizar a los pacatos que ven en el gesto solo una excentricidad y no una actitud ética y vital. Crotos del mundo …Salud!

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¡QUE VIVAN LOS CROTOS! - 1992
Documental dirigido por Ana Poliak.
Por Guillermo Ravaschino

La sola enumeración de las taras que enturbian a la mayor parte de los documentales, y que la realizadora argentina Ana Poliak supo esquivar hábilmente, bastaría para bienvenir a ¡Que vivan los crotos!, film que parece conjugar idénticas dosis de inspiración y dominio del medio cinematográfico.
Nuestro -digamos- personaje central es don Américo "Bepo" Ghezzi, un linyera septuagenario de la localidad de Tandil, sitio que abandonó un día para vagar sin rumbo. Treinta años después regresó y supo que nadie lo había olvidado. Poliak, que es montajista desde hace largo rato, siguió el ritmo de la respiración emotiva de las imágenes. Cada una de las personas que mastican viejos recuerdos tiene en pantalla el tiempo que se merece, lo que incluye varias veces un original, adecuadísimo antes-y-después de lo que generalmente se considera "metraje útil". Vemos los titubeos, el nerviosismo, la gimnasia preparatoria y hasta la reflexión ulterior que son el marco de las palabras y que los propios viejos -acostumbrados ellos mismos al montaje documental típico- jamás pensaron que engrosarían el producto definitivo. Es una suerte de documental dentro del documental, genuina cámara oculta que confiere a las tomas una vibración adicional: el testimonio, que no se supone actuado pero siempre conlleva una pizca de impostación, contrasta con esos tramos de espontaneidad plena. En el futuro cabrá desarrollar este recurso de exploración viva aun más estructuralmente.
El silencio tiene en ¡Que vivan los crotos! una dimensión semejante a la que le conceden las partituras clásicas: ocupa el tiempo que ningún sonido -especialmente ninguna palabra- debería contaminar. Un silencio que abre las puertas al trabajo emotivo del espectador, en la medida en que lo invita a evocar sus propias imágenes y recuerdos. La pantalla, en tanto, ya habrá saltado del primer plano a un pedazo de pampa yerma, o a una estrella, o a un riel. Las combinaciones de Ana Poliak son la feliz contracara del pleonasmo (esa fiera costumbre de ilustrar las palabras con imágenes): abren el juego a la participación efectiva del público. Las dramatizaciones, que las hay (linyeras jóvenes que expresan el pasado de quienes hablan), son breves, mudas y están sanamente despojadas de toda ínfula "argumental".
Bepo se constituye en protagonista de una manera singular. Las palabras de sus amigos son tanto o más importantes que las de él para delinearlo. El, a su vez, es más que nada una suma de recuerdos y sensaciones que remiten a otras imágenes y personajes. A la planicie, a la soledad, a la trocha. También al Francés, un personaje cuya existencia es puesta en duda por los amigos de Bepo, pero al que éste cita una y otra vez como infatigable compañero de andanzas, imponiéndolo como una suerte de coprotagonista en off. El verbo crotear, en la acepción que le es dada aquí, ha de ser de los más profundos. Implica saciar apetitos de libertad al margen de la explotación laboral, pero también de las otras gentes. La soledad de la libertad es el gran tema no declamado de la película. Lo más curioso -y acaso la punta de iceberg del futuro de Poliak como directora de ficción- es que estos ancianos vienen a actualizar vigorosamente la añeja cuestión del Héroe: esta dignidad sin bienes ni raíces, esta plenitud que sólo reclama una pampa, una huella, un cielo abierto para constituirse tiene mucho que ver con la materia que, aquí y allá -especialmente en el Lejano Oeste-, forjó paladines inoxidables. Esos que hicieron asco de la rutina social y las compañías anestesiantes para embarcarse en el compromiso que, tarde o temprano, pone a cada cual frente al sueño que lo desvela. Que vivan ellos.

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Mexico Marzo de 2003

CUANDO EL OCIO ES SUBVERSIVO
Por Othon Lara Klahr


Los crotos son hermanos de los hipies, vagabundos, linyeras, gitanos, beatniks, anarquistas, pacifistas, naturistas y ecologistas, entre otros desadaptados al sistema. De manera simplista se dice que son personas alérgicas al trabajo, pero esto no es por haraganes, sino por asumir una forma de vida libre y sana.

Su nombre proviene del apellido de José Camilo Crotto, funcionario argentino que en 1920 emitió un decreto que permitía a los trotamundos viajar gratis en los trenes de carga.
Es significativo que el movimiento croto provenga de Argentina, donde la crisis del sistema económico neoliberal actualmente está generando formas
imaginativas de intercambio económico y cultural, de las que participa activamente la Agrupación de Crotos Libres (ACL), con sede en ese país.

Pero, ¿quiénes son esos modernos quijotes? Para darse una idea, es inevitable remontarse a la Cumbre Internacional de Crotos, que se llevó a cabo en 1996 en Mar del Plata con el lema: "Libertad, derecho supremo del hombre". En esa ocasión, luego de una semana de deliberaciones, crotos de varios países delinearon, entre otras, sus siguientes directrices:
Ser caminantes felices.

Creer en utopías.

Promover el deporte no profesional.

Tomar de la naturaleza lo necesario, sin depredar.

No mendigar. Sí, practicar formas de trueque.

Evitar el consumo de alimentos chatarra, bebidas gaseosas, tabaco, alcohol y drogas.

Ejercer el ocio creador.

Consumir lo menos posible.

Trabajar poco y/o por placer.

Recurrir a los libros para ser cada día más libres (José Martí).

Estos principios son práctica diaria entre los crotos, asumida por la convicción de que es mejor usar los pies que los automotores contaminantes, comer los frutos de la tierra que sus sustitutos chatarra, cambiar el estrés del trabajo enajenante por el ocio
creador y privilegiar la poesía sobre el discurso político. No en balde entre sus autores favoritos están Walt Whitman, Eduardo Galeano y Hermann Hesse.
En dicha cumbre participaron Martín Finamori, croto "histórico" de 89 años, Pedro Ribeiro, incansable cronista de caminatas y recorridos bicicleteros por
países de América y Africa, la activa crota Ana María Ordóñez, el escritor Hugo Nario y Diógenes, otro histórico, de 83 años, por mencionar a algunos entre 200 asistentes. Pero el símbolo indiscutible de este movimiento es José Américo Ghezzi, Bepo (1912-1999), quien vivió "como él mismo eligió", siempre consecuente con su máxima de que "el ser libre crece a medida que disminuye la necesidad de cosas". Autor del libro Versos y otras yerbas, su vida inspiró la película "Que vivan los crotos", de Ana Poliak, y el
texto "Bepo, historia de un linyera", de Hugo Nario.

En 1998, en ocasión de los 30 años del mayo francés, la ACL refrendó su adhesión a principios como "la imaginación al poder", "la poesía está en la calle", "sólo la verdad es revolucionaria" y "prohibido prohibir", porque "los crotos desde siempre también creen en las utopías e intentan hacer de la vida una poesía, sin escapar de la realidad".
Ese mismo año se fundó la Universidad Crota, en Mar del Plata con el firme propósito de no depender de "regímenes burocráticos, de autoridades, ni de aportes gubernamentales". Desde entonces sus inscripciones son gratuitas, no hay límite de edad para ingresar, y las colegiaturas consisten en aportar alimentos, artesanías y otros objetos que los alumnos elaboren.No se entregan certificados ni diplomas, y el plan de estudios incluye las materias de economía alternativa, talleres de pensamiento, teatro, música, expresión corporal, huerta orgánica, lombricultura e integridad física.El 2 de mayo de 2002 la ACL estableció el Día Internacional del Ocio, con la propuesta de festejar esta fecha realizando caminatas antiestrés y ejercitando la "meditación ociosa" en centros laborales, cuando menos por unos minutos.En México, por más que indagamos, no encontramos rastro de un movimiento similar al de los Crotos. Aunque muchos idealistas andan por los caminos ejerciendo su libertad, lo hacen dispersos, sin sentido de pertenencia a esa subespecie humana.
Los interesados en el tema pueden obtener más información en el sitio de Internet www.crotoslibres.com

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Publicado en La Capital de Mar del Plata el 4 de Abril de 2005 Página 32


APUNTES DE UN DESVELADO POR JULIO ALFONSO

Las vías muertas


De tanto perder trenes, he decidido instalarme en el andén, fijar residencia cercana a las vías, como Ana María y Pedro, mis crotos queridos.
No desconozco que las vías en sí, no dejan de ser un camino real, establecido por la oficialidad y su conjunto. Eso está claro, no creo que haya dos opiniones al respecto. Pero lo que viene sobre esos aceros, tan poderoso o más que el concepto que lo creó, es ingobernable, un destino, bifurcaciones del azar en complicidad con el ánimo, férreos elementos que no pueden ser arriados por nadie, pues viven adentro de nuestro adentro. Viene algo compleja la oración, ¿no? Entonces la hago más simple: es como si nuestra sombra viviera adentro de nuestra sombra. Creo que así quedó más claro.
Alguien puede suponer -para ello existe extrema libertad-, que no es lícito fijar residencia en los andenes. A quien venga esgrimiendo ásperos papeles de lija sellados en son de refutación, le diré que tiene razón, pero que vive armado de conceptos erróneos, pues no estoy habitando andenes, sino esperas. Me agradó ese recurso cuasi legal. La verdad, es que no supieron qué decirme. Recuerdo que después convocaron a todos los defensores de causas ganadas contra la sinrazón, a todos los leguleyos montados sobre briosos biblioratos, que revisaron memorizadas leyes y, para embellecerlas, hasta les dieron formato de alejandrinos, décimas octavadas y sonetos, sin hallar ningún artículo o inciso con prohibiciones de espera. Por eso sigo aquí, recurso de amparo obtenido gracias a las dudas de esos señores, quienes no me sacan a patadas por temor a fijar otra injusticia, de esas que aún no están en los aburridos estantes de los que dictan, imparten o determinan justicia o algo semejante a ella.
A esta altura del relato debo ser justo: en este andén no la paso tan mal. Al principio estaba solo. Ahora, son más los que se suman a la espera. Con ellos conversamos de modo gestual, intercambiamos silencios, y hasta nos saludamos esgrimiendo, a modo de cómplice bandera, una pata de pollo obtenida en un gallinero fiscal y maloliente. Muy rara vez nos contamos cosas, para qué, si todos tenemos la misma experiencia, que es la espera. De día la pasamos casi bien, cada cual en lo suyo. La noche es más compleja, algo larga. A medida que uno envejece, la noche dibuja desvelos sin variables.
Anoche murió un viejo. No lo mató el frío, como dicen, murió de espontaneidad, sólo un bien de los justos. Yo cuento estrellas, me gusta. Lo hago para que la noche no pase en vano y para comprobar si a la siguiente le falta alguna. Anoche, precisamente, hubo un faltante de tres, en relación al día anterior. Cuando estoy conjeturando los porqués de esa falta, asoma el sol. Me divierte todo lo que sea cambio, no porque considere que un día es distinto a otro, sino porque pienso que mañana no ha de ser un día igual al de hoy.
Ahora veo que atienden a otro viejo. Tiene cierta dificultad en su respiración. Culpan al cigarrillo. Creo que se atascó de sueños; en vez de uno cada ocho horas, el hombre los tomó todos juntos. Tendría que haber especialistas en dosificar sueños acumulados. Es otro déficit de la medicina, ve.
El tren que espero no viene. Ojalá que los crotos que ayer pasaron no tengan razón al decir que las vías que vemos son vías muertas, que por ellas no pasa tren alguno, que los vagones están arrumbados en El Porvenir, estación abandonada. Al alejarse, les grité adónde iban para ir tan lento. El último de ellos me contestó que el destino final no era un lugar preestablecido, que se trataba de un sitio ubicado en la periferia de las ofertas de dichas, que se trataba de un sitio virgen de resentimientos. De nada sirvió explicarle que la espera es el mejor proyecto de vida, que las vías que él dice muertas, son caminos inaugurales, y que si hubiese otros me lo dijera. 'Todos los caminos conducen a uno mismo -me dijo-, todos, menos estar detenido a la espera de milagros, como que un tren inexistente pase, señor mío'.
Cuando regresé a mi lugar, en los andenes era noche. Al verme silencioso y clavados mis ojos en las vías salpimentadas de luna, mi vecino de andén me preguntó por qué hoy no contaba estrellas, 'dura tarea que usted hace tan bien'. Por respeto a mi silencio, quien tiene lastimaduras que todos los días cumplen años, fue que no hubo réplica alguna de mi parte.
Cuando llegaron los leguleyos enarbolando reglamentaciones con abolición de esperas, me largué a caminar por las vías, mientras contaba durmientes y desabroche de estrellas.