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ROBERTO
MUNYAU
Nació en Villa Maza, pequeña población al oeste
bonaerense (estación de ferrocarril y 10 o 12 casas) a 25
Km. del límite con la provincia de La Pampa. Sus padres decían
que Roberto nació allí por accidente que debería
haber nacido en Neuquen.
Su padre era relevante ferroviario y eso hacía que tuvieran
que mudarse permanentemente de un pueblo al otro en la línea
del Ferrocarril Sud (hoy Roca). Vivió luego en Lobería,
en Punta Alta y finalmente en Bolívar en forma estable, allí
hizo la escuela primaria y secundaria y pasó - según
contó - los mejores años de su juventud.
A los 18 años terminó la secundaria, dejó
su casa paterna y fue a ciudad de La Plata con la intención
de ingresar a la Facultad de Ingeniería, a la que no pudo
ingresar, pero pudo hacerlo a la Facultad de Veterinaria porque
allí no había examen de ingreso, pero cursó
unos pocos meses ya que antes de finalizar el año (1959)
ingresó en Vialidad provincial.
En Vialidad le asignaron distintas obras, anduvo por Bolívar,
Balcarce y por último Mar del plata, donde llegó por
primera vez en 1960, año en que conoció a Norma, con
quien se casó y fue madre de sus hijos Marcelo y Fernando.
Se radicó definitivamente en Mar del Plata a partir de 1964
después de haber cumplido con el Servicio militar en la Escuela
Antiaérea de Mar del Plata, durante 16 meses.
Cursó unos cuantos años la carrera de Ingeniería
en Mar del Plata pero no terminó sus estudios.
Hoy su familia está compuesta por sus hijos Marcelo y Fernando,
su nuera Cristina, su nieta Luly, su madre Carmen, y Norma su esposa,
que se fue el 13 de octubre de 2006, pero está en su corazón.
Desde octubre de 2004 es un jubilado contento, dedicado hacer turismo,
a escribir y es un defensor a ultranza del "ocio", haciéndole
honor a la fecha de su nacimiento: 2 de mayo, "Día Internacional
del Ocio".
En la foto, lo vemos el 25 de Marzo del 2007 en la Peluquería
de Galileo por los senderos de Morfeo, soñando en alcanzar
alguna utopía.
*****
BIENAVENTURADAS LA CIENCIA
Y LA TECNOLOGÍA...
Porque de ellas será el reino del ocio.
por Roberto Osvaldo Munyau
Croto
Nacido un 2 de mayo (Día internacional del Ocio)
Según el génesis, cuando Dios echó del Paraíso
a Adán y a Eva les dijo: "ganarás el pan con
el sudor de tu frente", por lo que podríamos conjeturar
que el trabajo es un castigo.
Cuando el hombre comienza a vivir en sociedad, inmediatamente aparecen
dos jerarquías bien diferenciadas, por un lado los poderosos,
los que mandan, los dueños de los medios de producción,
y por el otro los que son obligados a trabajar, los que producen,
los que obedecen.
La esclavitud es ejercida por obligación, por los que tienen
que resignarse a realizar tareas no deseadas, ingratas, no placenteras;
por los oprimidos, los que deben obedecer y trabajar.
Las ciencias y las artes, por el contrario, se ejercen por vocación,
y las practican aquellos que no solamente disponen de tiempo para
ejecutarlas sino que tienen la voluntad y sienten el placer de realizarlas.
Los poderosos siempre tuvieron las mayores posibilidades de vivir
dedicando gran parte de su tiempo al ocio, entendiendo por tal,
no a la holgazanería, a la inactividad, al "no hacer",
sino al filosofar, al pensar en cuestiones trascendentes, al desarrollar
actividades placenteras tanto para el cuerpo como para la mente;
pero sólo una minoría aprovechó esa circunstancia,
pues la mayoría de ellos vivían dedicados a las luchas
políticas para mantener su poder o a los negocios (negación
del ocio), para mejorar o consolidar su posición económica,
sometiendo a las clases inferiores al yugo del esfuerzo físico,
del trabajo involuntario, considerándolos, en algunos casos,
como los griegos o los romanos, simples herramientas y no seres
humanos; cuando Catón el Viejo propuso disminuir las jornadas
de trabajo y mejorar la alimentación de los esclavos en Roma,
no lo hizo por razones humanitarias sino para aumentar su rendimiento,
nada dijo respecto al hecho de que se los mataba cuando llegaban
a la ancianidad, pero sí recomendó que los capataces
no los torturaran demasiado para que siempre estuvieran en condiciones
de trabajar. Los pocos intentos de rebelión que se produjeron,
caso Espartaco, fueron rápidamente sofocados. Lo mismo sucedió
cuando, tanto en el Imperio romano como posteriormente en la colonización
de América, el esclavo se había convertido en una
mercancía cara que había que cuidar. Siempre se privilegiaron
las cuestiones económicas por sobre las humanas.
Con el paso del tiempo algunas condiciones de vida de la esclavitud
fueron paulatinamente mejorando. Con la aparición del feudalismo
en Europa, al esclavo se lo "jerarquizó" llamándolo
eufemísticamente con el nombre de "siervo", que
no era ni más ni menos que el mismo esclavo de antes, un
poco más instruido. La instrucción que recibieron
se debió a cuestiones meramente económicas. Los señores
feudales eran los dueños del más grande medio de producción
de la época, la tierra, y para labrarla con mecanismos un
poco menos rudimentarios que los que se utilizaban en épocas
anteriores necesitaban siervos (operarios) con ciertos conocimientos
técnicos.
Cuando se produce la revolución industrial en el siglo XIX,
el esclavo vuelve a cambiar de nombre y se lo llama "obrero
o empleado". Esta vez los medios de producción, debido
a su sofisticación, requieren un esclavo sumamente instruido.
En la medida en que el nuevo esclavo va incorporando más
conocimientos, desarrolla su intelecto y comienza a interpretar
conceptos que hasta ese momento le habían sido muy fácilmente
ocultados y que sólo practicaban sus amos, tales como el
de libertad, libre albedrío, ideología, buen gusto,
refinamiento, rebeldía, etc. En forma paralela comienzan
a aparecer nuevos métodos de sometimiento, muy sutiles y
sofisticados pero casi tan crueles como los de épocas remotas,
como por ejemplo: mercado, publicidad, consumismo, mensajes subliminales,
globalización, desocupación y pobreza. Una de las
consecuencias de estos nuevos sistemas de sumisión es la
generación de dos categorías: los ocupados y los desocupados.
La desocupación que produce la tecnología y muchas
veces la mala administración de los países que la
padecen, es utilizada como medio de presión para abaratar
la mano de obra de los ocupados.
Algunos están convencidos -engañados- que el desarrollo
económico produce mayor ocupación; según datos
de la O.I.T. desde 1990 a 2000 en Argentina, la desocupación
juvenil (personas de entre 15 y 24 años) creció de
310.000 a 709.000 y en Brasil de 1.039.000 a 2.236.000 (en ambos
casos más del 100 %). Sin embargo el PBI por habitante según
la CEPAL en el mismo período, en estos países creció
el 31,35 % y el 12,13% respectivamente.
En la medida en que las teorías y descubrimientos científicos
se fueron aplicando a la tecnología, los medios de producción
aumentaron tanto la cantidad de los servicios y productos elaborados
como su calidad.
La transferencia de los nuevos conocimientos en el campo de la ciencia
hacia la tecnología, y por ende hacia la industria, se producen
en forma sumamente veloz. Así como se han acortado los tiempos
históricos también se redujeron enormemente los tiempos
científico-tecnológicos. Basta recordar que desde
Pitágoras, Tales, Galileo, Newton, y muchos otros, a la era
industrial pasaron siglos; en cambio desde Marconi hasta el desarrollo
masivo de las telecomunicaciones apenas pasaron un par de décadas,
lo mismo sucedió en el campo de la energía nuclear
y ni hablar de la medicina, la informática, la robótica,
etc.
No siempre el desarrollo tecnológico se ha orientado hacia
el bienestar del hombre, sino más bien hacia su destrucción;
no en vano la industria bélica se ha convertido en el más
brillante negocio de las potencias mundiales, que siniestramente
inventan guerras contra países pobres para robarles su petróleo
matando miles de niños, mujeres y ancianos -¿efectos
colaterales?-, bombardeándolos primero, robándoles
luego y más tarde reconstruyéndolos a través
de contratos multimillonarios que ejecutan sus propias empresas
multinacionales, completando así este círculo monstruoso,
dando por lavada su conciencia y cerrando genialmente sus cuentas.
Es imprescindible que los gobernantes del mundo desarrollado tomen
conciencia de la devastación que producen tanto por la proliferación
de las guerras sin sentido como por la contaminación del
medio ambiente, -no es casual que los EE.UU se nieguen sistemáticamente
a discutir cualquier tipo de acuerdo que trate sobre el cuidado
del medio ambiente, ellos consumen el 25 % del petróleo que
se produce en todo el mundo-, obviamente son los mayores contaminadores.
Urge democratizar las instituciones internacionales como el Consejo
de Seguridad de Naciones Unidas, Banco Mundial, Fondo Monetario
Internacional, donde todos, ricos y pobres participen con voz y
voto en las grandes decisiones. Recién cuando los países
subdesarrollados dejen de ser los manjares con los que se relamen
las superpotencias y se conviertan en comensales del festín,
podremos decir que en el mundo reina la verdadera democracia.
En forma simultánea es necesario que el hombre común
comience a preocuparse muy seriamente por el cuidado del planeta,
tan vapuleado por los países mas desarrollados -los mas envenenadores-,
cuyos gobernantes parecerían ser al mismo tiempo los más
grandes criminales y a la vez suicidas de la historia de la humanidad.
Lograda esta conjunción de acciones podríamos suponer
que en un futuro no muy lejano, el hombre, probablemente podrá
dejar las tareas más desagradables en manos de robots, y
así dedicarse al ocio creador, a las actividades que le resulten
más placenteras. Pero para gozar en plenitud de esta nueva
forma de vida debemos comenzar por tomar conciencia de los nuevos
tiempos que se vienen y prepararnos.
Debemos empezar a preocuparnos muy seriamente por el cuidado de
nuestro planeta. Volver al contacto con la naturaleza, a la vida
simple, sin excesos, sin depredar, acostumbrarnos a consumir lo
necesario, a cuidar nuestra salud, a "caminar por caminar,
no correr porque te corren, poderes, hambre, patrón"
como dice el "croto" Pedro Ribeiro, -éste es el
imperativo de nuestro tiempo-. Debemos empezar a cambiar individual
y colectivamente, no solamente los ocupados y desocupados, también
los dueños de los medios de producción, planteándonos
como posible esta nueva manera de vivir. Si los poderosos no se
avienen a estos cambios correrán el riesgo de que estos se
produzcan por métodos revolucionarios que no siempre resultan
pacíficos. Una forma de lograr más fácilmente
éste cambio es a través de la unión de todos
aquellos que compartimos esta idea, como por ejemplo la AGRUPACIÓN
DE CROTOS LIBRES (www.crotoslibres.com), de Mar del Plata cuya filosofía
hoy puede parecer una utopía pero mañana seguramente
será una hermosa realidad.
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